Historia de la literatura hispanoamericana
Borges y la literatura fantástica
El magisterio de Jorge Luis Borges (1899-1986) consistió no solo en habernos enseñado a escribir de un modo que no existía antes en América, sino en hacernos pensar e imaginar la literatura desde un ángulo totalmente nuevo; ese cambio implica una auténtica revolución dentro del lenguaje de la creación. Borges nos mostró que el acto de leer y el de escribir, el de recordar e imaginar, el de razonar y soñar podían confluir y alcanzar una asombrosa armonía. Esa armonía constituye el estatuto borgiano que, siendo inconfundible, puede ser reinterpretado y actualizado sin cesar. Borges no solo inventó una literatura: inventó los libros que la conforman y se inventó a sí mismo como autor y lector de todos ellos.
Borges comenzó escribiendo poemas y ensayos y siguió haciéndolo con intensidad hasta sus últimos días. El cuento, la poesía, el ensayo, todos estos géneros y otras formas intermedias que cultivó se explican mutuamente en un sistema de correspondencias, citas, ecos y retornos que no deberían aislarse unos de otros. No existe una conciencia rígida de los géneros en Borges, que continuamente cruzó esas fronteras y supo filosofar como escritor de ficciones o ser poeta cuando escribía ensayos.
En el texto <<Borges y yo>> él mismo subrayaba la cualidad haciendo que algún texto emigrase sin dificultad de un libro de ensayos a otro de cuentos. Su obra es un corpus formado por fragmentos (no hay libros orgánicos): Evaristo Carriego (1930), Leopoldo Lugones (1965), son recopilaciones de piezas breves y ocasionales; los volúmenes misceláneos, El hacedor (1960), donde hay texto en prosa y verso, los catálogos abreviados de un material como el Manual de zoología fantástica (1957). Una de sus formas favoritas por su brevedad y libertad para la digresión eran los prólogos, subgénero en el que abundó con tanta maestría, que hay una recopilación titulada Prólogos (1975) que tiene un <<prólogo de prólogos>>. En las últimas décadas de su producción dictó sus libros (ej. Siete noches, 1980).
La brevedad, modestia y naturalidad son esenciales en la concepción literaria de Borges, que consideraba abusivo tomar mucho tiempo de sus lectores y que se negó <<enérgicamente>> a escribir novelas. En el prólogo de Ficciones (1944) afirmó que es mejor simular que los libros vastos ya existen y ofrecer a los lectores un resumen, un comentario. La unidad de su visión es extraordinaria e inconfundible, que configura un mundo coherente y con leyes bien establecidas y reconocibles.
Borges construyó su obra como una versión lúcida y ordenada de un universo caótico y lo convirtió en pura literatura, y así ensanchó enormemente los límites de esta. Inicia su obra al volver de Europa a Buenos Aires trayendo en sus maletas el ultraísmo y otras novedades vanguardistas. Había nacido en esa ciudad el 24 de agosto de 1899 y pasó su niñez en una casa familiar donde se respiraba literario como algo natural: el padre, Jorge Guillermo Borges cultivó también la literatura y dio a su hijo una educación hogareña, bilingüe (su abuela materna le enseñó el inglés). De él, Borges heredaría además la miopía y la ceguera. La familia viaja a Europa en 1914 y al instalarse de la Primera Guerra Mundial, se refugiaron en Ginebra que siempre asoció con su visión liberal del estado democrático, su amor por la libertad, el pluralismo y el cosmopolitismo (ej. su libro poético Los conjurados, un homenaje a Suiza). Allí aprende latín, francés y el alemán y descubre Voltaire, Hugo, Flaubert y Baudelaire.
Su verdadera pasión son los autores ingleses Mark Twain, Whitman, etc. Lee también filosofía, teología, historia, ciencia y la Enciclopedia Británica, modelo de escritura que sería decisivo para él. En 1919, la familia se traslada a España y vive en diversas ciudades. En Sevilla concibe sus libros que nunca publicó, con poemas expresionistas y ultraístas. Colabora en revistas como Grecia, Cosmopolitis, Ultra. Hace amistad con Gómez de la Serra y Rafael Casinos Assens.
Regresa en Buenos Aires y encuentra Macedonio Fernández. Regresan a Europa y visitan Londres, París y Madrid. Esta es su etapa de verdadera iniciación en la vida literaria nacional. Colabora o dirige en revistas de vanguardia como Proa, Prisma, Martin Fierro y Nosotros y escribe sus primeros poemas que formarían sus primeros libros; difunde el credo ultraísta con manifiestos (como en Nosotros); organiza las actividades de los jóvenes vanguardistas argentinos; practica una forma moderna del <<criollismo>>, aplicando la imaginería ultraísta a la descripción de la ciudad o el mundo gauchesco.
Siguiendo los preceptos de esa tendencia, él usa un lenguaje construido a partir de metáforas e imágenes visuales que sintetizan en pocas palabras una impresión compleja. Su vocabulario es novedoso y su estilo trabajoso. La impronta ultraísta algo rebuscada se nota también en su obra ensayística inicial. Fue adicto a <<la secta o equivocación>>. Él inmortalizó su relación con el ultraísmo en una de sus frases más repetidas: <<el fantasma ultraísta aún sigue habitándome>>.
Renovación del indigenismo y el regionalismo
Los grandes motivos, símbolos, ideas y alegorías de ese mundo de imaginación aparecen en Fervor de Buenos Aires (1923) y Cuaderno de San Martin (1929), que configuran su primera fase poética; hay dos fundamentales:
- La noción de que el mundo es nuestra invención, una pura ilusión o apariencia (que proviene de sus lecturas de los idealistas ingleses: Locke, Hume y Berkeley);
- Y la de que el ejercicio superior de la mente está ligado a la búsqueda de la pura y desinteresada especulación, que se entretiene en la belleza de los argumentos o en el arte de producir convicción usando argumentos falaces.
Había un programa detrás de la poesía inicial de Borges que se entremezclaba con su militancia ultraísta y con su visión especulativa. Para subrayar su condición de poeta argentino, busca acentos, motivos y ambientes. La evolución poética del autor consiste en ir aliviando esas marcas de la inflexión criolla y el impresionismo visual de sus metáforas ultraístas, para irse concentrando en el puro ejercicio intelectual.
Él quería crear un mundo cuyo lirismo reposa en el procesamiento o interiorización de sus lecturas filosóficas, teológicas o literarias que le permiten pensar en los ciclos del tiempo etc. Su gran conquista es otorgar a sus reflexiones la lenta música de su voz y hacerlas tan suyas que no parece posible que otro las trate de modo tan personal. A partir de los años 40 empezó a publicar recopilaciones de su obra como Poemas (tres ediciones 1943, 1954, 1958). En ellas se observa el proceso de depuración al que somete el contenido de sus libros anteriores, la afirmación de su voz y su alejamiento de las propuestas vanguardistas. En ese periodo prefiere los moldes y estrofas regulares y los metros clásicos.
En ese nuevo conjunto hay piezas magistrales:
- <<La noche cíclica>>, es un ejercicio de imaginación elaborado a partir de la doctrina del Eterno Retorno, que es una de sus más constantes preocupaciones.
- <<Poema conjetural>>, conjuga admirablemente su pasión por las figuras de la historia nacional con los motivos del destino y la identidad contradictoria (monólogo de Laprida instantes antes de morir).
- <<Límites>>, es un texto escrito cuando su ceguera avanza y siente que el mundo empieza a estrechársele.
Borges siguió recopilando su poesía: Obra poética (1964, 1978); El hacedor (1960); varios volúmenes titulados Antología personal (1961, 1968); El otro, el mismo (1930-1967) (1969); y sus libros originales La rosa profunda (1971) y Los conjurados. Él relee los viejos libros que leyó y también se relee a sí mismo (sus obras), generando una poesía dentro de un circuito cerrado. Los símbolos favoritos (laberintos, rosas, tigres, dobles, los Borges, el ajedrez) se reiteran en un circuito de correspondencias que son su sello o impronta personal.
Otros tres textos son:
- <<El golem>>, tiene fuentes librescas (una obra de misticismo judío de Scholem y El Golem de Meyrink);
- <<Borges y yo>>, pertenece a El hacedor y es un texto en prosa sobre el arte y la vida de Borges;
- <<Poemas de los dones>>, pertenece a El hacedor y es un ejemplo admirable de la ética borgiana.
El ensayo y el teatro
En la misma década del 20 comienza su obra de ensayista: los tres primeros libros Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926), El idioma de los argentinos (1928). La obra ensayística de Borges no es particularmente extensa: abarca unos 15 títulos y son un conjunto heterogéneo (reflexiones sobre la literatura gauchesca al lado de meditaciones sobre el tiempo). Tres son los libros clave: Discusión (1932), Historia de la eternidad (1936) y Otras inquisiciones (1953) de El Hacedor (ninguna es una obra integral).
Como ensayista, incorporó una cultura antigua y moderna a la que eran casi enteramente ajenas a nuestras letras y que, gracias a él, pasaría a formar parte de su tradición. Él puso en circulación a escritores como Beckford, Whitman, Valéry y Kafka. Releyendo las fuentes que empleó Borges, se descubre que puso tanto (o más) de sí mismo que de ellos, y así les dio una nueva significación. Sus lecturas son formas de apropiación y de invención refleja: esa invención de segundo grado es un arte característicamente borgiano. Mediante ese recurso se apodera de toda la literatura que conoce y recuerda, y la integra a su sistema. Sus libros forman una biblioteca creada por la imaginación a partir de una biblioteca real manipulada por él. Sus ensayos son sobre todo proposiciones heterodoxas, una invitación a pensar de otro modo sobre algo comunalmente aceptado, una apacible disidencia intelectual.
La argumentación borgiana sigue frecuentemente un método paradójico, que comprende una serie metódica de pasos: el planteamiento de una teoría o cuestión problemática, de índole literaria, filosófica o cultural; el resumen de las variantes interpretativas que esa cuestión ha tenido a lo largo del tiempo; la demostración de algún error lógico que las invalida; el examen de las alternativas que el asunto ofrece, incluyendo la suya; y la sospecha de que todas ellas incluyen una nueva falacia. El agnosticismo y el escepticismo filosófico de Borges son el trasfondo de esta pura operación intelectual, que contiene un comentario irónico sobre las leyes del conocimiento humano y su principal instrumento: el lenguaje.
En sus primeras páginas ensayísticas es visible la huella del pensamiento de Croce sobre la naturaleza del lenguaje literario, especialmente las cuestiones de la alegoría y su expresión verbal. La naturaleza misma del lenguaje es una sobria advertencia para el escritor que quiere crear algo nuevo: lo más que ese instrumento nos permite es la repetición, con variantes, de lo que otros antes dijeron. Sus ensayos capitales para conocer su pensamiento literario son <<La supersticiosa ética del lector>>, <<La postulación de la realidad>>, <<El arte narrativo y la magia>>, <<El escritor argentino y la tradición>>, <<Las kennigar>> y <<Nuestro pobre individualismo>>. Su ironía es una marca de su ideario: escribir es algo natural y es vano asociarlo con poderosas personalidades o empresas grandiosas. La ironía es principalmente autoironía, en la que está implícita una moral de escritor según la cual este debería ejercer una causa perdida.
Su obra narrativa es más tardía y los primeros relatos son <<Hombre de la esquina rosada>> (publicado bajo seudónimo), <<El espejo de tinta>> y <<El impostor inverosímil Tom Castro>> (estos dos son incluidos en Historia universal de la infamia, su primer libro narrativo), todos de 1933 (son historias ajenas, ya sea orales o escritas). Comenzó contando por segunda vez historias preexistentes; escribe relatos de un lector más que de un <<autor>>.
Estas violentas historias de pistoleros, cowboys, piratas, impostores revelan que lo que busca él es sobre todo entretener al lector contándole buenos argumentos y ejercitar su imaginación en asuntos que suelen estar muy lejos de su experiencia personal. Presentan ángulos insólitos o desconcertantes que hacen de lo real algo increíble y desorbitado. Siguió los modelos de la novela policial, el <<género negro>> y los filmes de von Sternberg. Las formas que adoptan estos cuentos favorecen más el razonamiento y la discusión teórica que la acción y la verosimilitud en el tratamiento psicológico.
La producción narrativa de Borges tiene dos etapas. La primera es la más importante y está contenida en dos libros: Ficciones (que incorpora textos de El jardín de senderos que se bifurcan, 1941) y El Aleph (1949); importantes son tres cuentos:
- <<Pierre Menard...>> fue escrito en 1939, un año crucial para la literatura argentina (muerte de Lugones) y para la vida personal de Borges (muerte del padre y su operación que agudizó la ceguera). El narrador divide la obra de Menard en dos grupos: la visible, que es <<de fácil y breve enumeración>>, y la invisible e inconclusa porque consiste en la transcripción literal de unos cuantos capítulos del inmortal libro de Cervantes (el Quijote). La famosa narración borgiana juega con dos ideas con vastas repercusiones literarias. Una es que todo acto de lectura o escritura es una reinterpretación y que, por lo tanto, los lectores pueden apropiarse de textos ajenos y hacerlos suyos mediante operaciones críticas diversas. Esto significa que el texto es un campo de imantación de significados que son reactivados en una lectura concebida como performance. La otra idea es que el lector puede <<alterar>> el texto cargándolo de significados que no tenía en su tiempo, las cronologías son meras convenciones fáciles de modificar, invertir o interrumpir. La red de influencias que el proceso histórico entreteje funciona, pero con sobresaltos.
- <<Funes el memorioso>> es un cuento metáfora del insomnio, donde el protagonista Funes ha ganado tras un accidente una memoria total que le impide dormir, pues <<dormir es olvidarse del mundo>> y ese olvido le es inalcanzable. El verdadero asunto del cuento es el del infinito y el caos; el infinito como inconcebible caos y esfuerzo de la mente por inventar una forma que permita organizar y entender el Absoluto, lo que es justamente la finalidad de la metafísica.
- <<El Aleph>>, en este caso el infinito es un objeto, una manifestación concreta y localizable de la totalidad del mundo real. Se burla de Carlos Argentino Daneri, el protagonista. A través de él, ha hecho una parodia sangrienta y recogida de la vida intelectual argentina tal como él la conoció. El protagonista quería escribir un inmenso poema narrativo que no solo sea una copia exacta del universo entero, sino que absorba toda la literatura anterior a él. Aleph le permite al narrador entrever el misterio de la divinidad, pues en la esfera tornasolada que Daneri le muestra todas las cosas están en todas partes y en ninguna, ocupando <<el mismo punto, sin superstición y sin transparencia>>. Hablar de lo indecible, usar el lenguaje de los hombres para considerar a Dios como emblema del infinito es el arduo problema que Borges enfrenta, y nos hace conscientes de él.
En estas dos últimas obras el narrador es Borges, invención de sí mismo, que aparece rodeado por referencias a otros personajes reales como Ureña. Su estratagema sirvió para camuflar la naturaleza decididamente fantástica de los textos bajo la apariencia de situaciones y ambientes reconocibles o familiares.
Más de 20 años después él volvió a escribir cuentos; los principales de esta breve segunda etapa de su producción están en dos volúmenes:
- El informe de Brodie (1970) representa una vuelta a una parte de <<criollismo>> (ej. <<Hombre de la esquina rosada>>, <<La intrusa>>, <<Juan Muraná>>, <<Guayaquil>>) y en el prólogo señala que quiere escribir de <<manera directa>>, como un escritor que sigue las convenciones del realismo.
- El libro de arena (1975) con él regresa al reino de sus fantasías, sueños y obsesiones de antes, aunque usando estructuras más llanas y un tono más natural (ej. <<El otro>>, <<El Congreso>>, <<La noche de los dones>>).
Estos últimos textos fueron dictados por Borges. Él es uno escritor cuyo rigor no le impidió ser amable y entretenido como muy pocos.
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