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Historia de la literatura española - Siglo XVIII

Caracteres generales del siglo XVIII

Decadencia literaria e interés cultural del siglo: al comenzar el siglo XVIII, la literatura española continúa el vertiginoso descenso iniciado a fines de la centuria anterior. La literatura refleja una encarnizada pugna entre los conceptos tradicionales y las nuevas tendencias cada vez más intensa con Europa y en ello reside uno de sus mayores atractivos.

Cuatro direcciones fundamentales

El siglo XVIII suele designarse como la época del neoclasicismo y hay cuatro tendencias fundamentales:

  • La que perpetúa el barroquismo o bien el estilo tradicional español;
  • La que intenta una revocación siguiendo los cauces del Neoclasicismo;
  • La que se orienta hacia la crítica racionalista y la investigación erudita (ilustración);
  • La que recibe el nombre de Prerromanticismo.

Cada una de ellas aparece paralelamente a lo largo de todo el siglo, interfiriéndose tan a menudo, que son escasos los autores que pueden definirse solo por una de las tendencias apuntadas.

El posbarroquismo

A partir de la muerte de Calderón, el barroco entra en un periodo de franca decadencia. Mantiene únicamente sus características formales más externas y queda a menudo reducido a un arte huero y extravagante, que ofrece el aspecto de una caricatura del gran estilo del siglo XVII. Esta orientación posbarroca informa la mayor parte de la literatura hasta mediados del siglo, momento en que comienza a imponerse las corrientes neoclásicas. La veremos languidecer, en forma cada vez más degeneradas, aunque gozando a menudo del favor popular, durante la segunda mitad del siglo XVIII, para desembocar, más tarde, en el amplio fenómeno del Romanticismo.

Fue sobre todo del sector culto de donde partieron los más encarnizados ataques contra el arte barroco; a esta violenta hostilidad contra el estilo propio del siglo XVII intentó una labor de revalorización y estudio del siglo XVI. Prueba de ello fue el entusiasmo manifestado por figuras como Fray Luis de León y Herrera, y la presencia de un buen número de obras que se mantienen dentro de la más pura línea tradicional.

La literatura neoclásica

Con la llegada de Felipe V de Borbón a Madrid, durante el año 1701, una nueva dinastía de origen francés comienza a regir los destinos de España. Todas las formas de vida nacional van transformándose en sus estratos más altos, siguiendo el modelo de la sociedad francesa. Todo adopta un aire decididamente francés, abandonando los cauces de la tradición. En la literatura española sus principales directrices durante todo el siglo fueron las del país vecino.

Tal hecho se vio grandemente favorecido por la decadencia a que había llegado el barroco en España. Las minorías selectas de la nación sentían un verdadero cansancio ante un arte ya totalmente agotado. Adoptaron complacidos como el modelo el clasicismo francés del siglo XVII. Gracias a la entronización de los Borbones, al afrancesamiento general europeo y a la corrupción del barroco, Francia consiguió imponer sus orientaciones literarias en España. No hay que olvidar el papel desempeñado por los clasicistas italianos en la aparición y desarrollo del neoclasicismo español (poética de Luzán inspirada en las doctrinas de Muratori).

Las reglas

Vemos aparecer un sentido de unidad, al someterse todos a la autoridad de los preceptistas, quienes en nombre de la razón y de los clásicos exigen que el arte se ajuste a unas normas sensatas que eviten todo descarrío. La razón nacional o individual, según ellos, caminos de los que no puede apartarse por un capricho personal. Estos caminos o reglas, basadas en Aristóteles y Horacio, obligaban a:

  • Dar a la obra un alcance universal y un aire de verosimilitud, huyendo por igual de la expresión de lo concreto y de lo fantástico, y buscando lo genérico y arquetípico, la idea abstracta;
  • No unir en una misma obra lo trágico con lo cómico, ni el verso con la prosa, ni lo elevado con lo familiar, para mantener la separación de los géneros y la unidad de estilo;
  • Prestar a la obra de arte una finalidad moral o educativa, de acuerdo con el sentir de los clásicos.

Esas y otras normas tuvieron la virtud de crear en España un arte fuertemente disciplinado y correcto, pero por lo común falto de vigor y de espontaneidad.

Los salones literarios y los centros oficiales

Es la época de la monarquía absoluta y existe una autoridad indiscutida, cuya acción se ejerce sobre un público dócil y sumiso: el de las tertulias y Academias. En el siglo XVIII se crean en Madrid la Academia del Buen Gusto, en el reinado de Fernando VI, y la Tertulia de la "Fonda de San Sebastián" en el de Carlos III. En ambas, una sociedad refinada discurre sobre temas literarios e impone al país un arte basado en la reflexión, el equilibrio, la sencillez y la pureza de estilo, que representa la antítesis del violento y dinámico estilo barroco.

El Estado interviene activamente en esta labor unificadora del gusto y de la cultura, fundando organismos oficiales que vienen a ser un complemento de la centralización política. Surgen la "Real Academia de la lengua", la "Biblioteca Nacional", la "Real Academia de la Historia".

Alcance del neoclasicismo en España

El espíritu del neoclasicismo al eliminar fantasías absurdas, suprimió el desarrollo de la inspiración imaginativa. La base intelectual o racional del arte neoclásico y el cúmulo de normas que presidía la elaboración de sus productos, dificultó considerablemente la expresión libre y sincera de los sentimientos individuales, dando por resultado una literatura correcta e impecable, pero prosaica y sin vida. El neoclasicismo era algo importado y extraño y opuesto a los gustos tradicionales del país. El carácter europeizante de algunos de sus rasgos había de impedir que enraizase fuertemente en una España que desde la Contrarreforma había permanecido aislada del Continente, viviendo de sus propios ideales culturales. La misma interpretación de los clásicos era totalmente distinta de la versión española del clasicismo. El nuevo estilo vino a oponer un freno de sensatez y buen gusto a la literatura española. El mezquino criterio estético a que respondía y el agotamiento del genio creador nacional frustraron un verdadero resurgimiento. El siglo XVIII es el bache más profundo en que cayeron las letras españolas.

Modelos españoles

Los neoclásicos españoles se inspiraron frecuentemente en las grandes figuras del siglo XVI, uniendo su aversión al barroco y su adhesión a las corrientes clasicistas europeas, con una decidida admiración por la literatura renacentista del país. Fenómeno paralelo a la labor de revalorización y estudio del siglo XVI español que se manifestó en otros sectores de la vida cultural del XVIII.

El elemento rococó

Las obras literarias se nos muestran a veces dotadas de una fina delicadeza y un delicioso atildamiento. De esta forma, la grandiosa magnificencia y la fuerza expresiva del barroco queda a menudo sustituida, al llegar el siglo XVIII, por un arte superficial y frívolo, dotado de gracia, ligereza y pulcra corrección. El elegante buen gusto del siglo XVIII es un producto genuinamente francés.

El espíritu de la Ilustración en Europa

La nota más interesante del siglo XVIII la da un amplio movimiento de investigación y de crítica que recibe el nombre de Ilustración. Su origen hay que buscarlo en el empirismo sensualista de la filosofía inglesa. Bacon, Locke, Hume y otros pensadores ingleses abandonan el estudio de las cuestiones metafísicas y, tomando como base del conocimiento la experiencia sensible, inician una revisión de las ideas tradicionales que tendrá intensa repercusión en toda la Europa del siglo XVIII. El "Enciclopedismo" francés y la "Aufklärung" alemana figuran entre las manifestaciones más importantes de esta tendencia crítica. Hay la sustitución de los conceptos de jerarquía, disciplina y autoridad dogmática por los de igualdad, independencia intelectual y libre crítica. Las figuras de este momento coinciden en una actitud de rebeldía y escepticismo frente al pasado tradicional.

Muchas de las ideas de la Ilustración responden a una intensa laicización de la cultura anterior:

  • La ausencia de un concepto religioso de la existencia engendró un ideal de vida muelle y sensual que halló su realización social en el frívolo ambiente de Versalles, y su expresión estética en amplios sectores del arte de la época;
  • El abandono de las cuestiones metafísicas dio lugar a que la atención se centrase en los problemas científicos o eruditos. Se consiguieron magníficos resultados en el terreno de la técnica y de la ciencia experimental, lo cual originó una ciega confianza en el progreso del hombre ayudado por la razón y la crítica, idea cuya difusión data precisamente del siglo XVIII.;
  • La sustitución del "derecho divino" por el derecho natural y la convicción de que es el pueblo y no el rey el sujeto de la soberanía, tuvo una decisiva trascendencia, ya que todo ello desembocó en la Revolución francesa y en el predominio de las ideas liberales durante el siglo XIX.

Su repercusión en España

Lo más importante de la cultura española del siglo XVIII se halla en la investigación y el ensayo. La actividad cultural asumió un carácter preferentemente didáctico. Filología, Historia, Filosofía, Medicina, etc., fueron los géneros preferidos por un siglo dotado de mediocre imaginación y escasa sensibilidad lírica. Es época de críticos e investigadores. Las ciencias experimentales logran un considerable avance. Los mismos reyes y gobernantes favorecen la creación de centros oficiales destinados a estudios científicos y humanísticos, como las Reales Academias de la Lengua, de la Historia, de Buena Letras, de Medicina, viendo en el desarrollo de la educación pública la panacea para regenerar la nación.

El intenso cosmopolitismo de la época y los viajes de aristócratas y becarios al extranjero ocasionan la europeización de la cultura española, dando un tono racionalista y crítico a las tareas intelectuales. Este carácter se acentúa en la segunda mitad del siglo a consecuencia de la introducción de las ideas de la "Enciclopedia" francesa, comenzada en 1751, lo que origina en un amplio sector un espíritu antitradicional, que pone en tela de juicio multitud de instituciones y predilecciones estéticas del país. El programa de reforma de los ilustrados españoles respetó en lo fundamental la religión católica y el absolutismo monárquico de la época e intentó armonizar las corrientes ideológicas de origen extranjero con los elementos de la propia tradición que aún consideraba válidos. El patriótico anhelo de renovación nacional típico de los gobernantes y escritores del XVIII se caracteriza por el hecho de tomar como norte el siglo XVI.

El prerromanticismo

A mediados del siglo XVIII y coincidiendo con el desarrollo de la burguesía, comienzan a surgir en toda Europa chispazos de una nueva orientación literaria que recibe el nombre de Prerromanticismo. Una de las causas de este cambio de rumbo hemos de verla en la filosofía sensualista de Inglaterra (aparece la novela sentimental, basada precisamente en la eficacia literaria de las sensaciones conmovedoras).

Por su parte, las ideas de la Enciclopedia dieron pronto lugar a una explosión de emotividad, al exaltar las nociones de filantropía y humanitarismo. El Enciclopedismo ha preparado el camino a la libre expresión de las emociones. La unión de ideas filosóficas y de sentimentalismo es una de las características más sobresalientes de la segunda mitad del siglo dieciocho. Quien dio el mayor impulso fue el ginebrino Juan Jacobo Rousseau. Rousseau es el polo opuesto a la fría seguridad racionalista de la Enciclopedia. Su idea fundamental, basada en la negación del pecado original, es la de que el hombre es bueno por naturaleza.

Ello le lleva a considerar que el progreso y la civilización corrompen al individuo y que el único camino viable es volver a la primitiva pureza del estado natural; de ahí sus elogiosos de la vida sencilla y del paisaje libre y agreste, tan distinto del artificioso escenario del bucólico clásico. La justificación de los sentimientos, como impulsos naturales del hombre, y su mismo estilo, apasionado o melancólico, difundieron por toda Europa una impetuosa corriente de sensibilidad lacrimosa.

La curiosidad intelectual originó una serie de viajes a países lejanos, que tuvieron como consecuencia la aparición de motivos exóticos. China, la India, Arabia y otros escenarios desconocidos comienzan a competir con el mundo mitológicos grecolatinos.

Las tendencias prerrománticas en España

Durante la primera mitad del siglo XVIII, la literatura española se muestra pródiga en rasgos que coinciden con los que cien años más tarde habían de definir el estilo romántico. España ofrece progresivamente, en la segunda mitad del siglo, todas las características del prerromanticismo europeo. En el terreno de la estética, se justifica la unión de lo trágico con lo cómico; en la poesía y el teatro, un sentimiento lacrimoso se alía a melancólicas meditaciones filosóficas o a graves reflexiones plenas de un humanitarismo filantrópico; el paisaje va tomando interés por sí mismo y aparece descrito con notas realistas que van desde lo lúgubre y melancólico hasta lo rústico, y en general comienza a imponerse un criterio más abierto que permite y hasta exalta la libre expresión social y literaria de los impulsos naturales y del mundo de las emociones íntimas.

La lengua española en el siglo XVIII

La lengua española evoluciona en el siglo XVIII al compás de las diversas corrientes culturales de la época. Con el "Diccionario de Autoridades", publicado por la Real Academia Española, comienza una tarea de selección del lenguaje que fue completada más tarde con la Gramática. La persistencia de un barroquismo degenerado provocó una reacción encaminada a eliminar de la lengua literaria una infinidad de inadmisibles vulgarismos y de cultismos completamente ajenos al espíritu español. A esta vinieron a sumarse los mejores escritores de la época, quienes, valiéndose de la ironía y de la sátira, consiguieron excelentes resultados.

Una nueva campaña en honor de la lengua española tuvo que llevarse a cabo cuando el prestigio de la cultura francesa motivó la introducción de galicismos que llegaron a influir sobre las primeras figuras literarias. Se llegó a crear un estilo correcto y castizo, muy adecuado a la prosa didáctica por su claridad, pero ineficaz para los usos poéticos por su falta de vigor. En este periodo, la prosa se enriquece con abundantes giros sintácticos y formas expresivas que le confieren un tono de evidente modernidad, acercándola al lenguaje de nuestros días. En el último tercio del siglo XVIII, la intensificación de las tendencias prerrománticas determina una nueva orientación estilística. La dicción evoluciona hacia unas formas más solemnes y hacia un nuevo tipo de patetismo retórico, que heredarán íntegramente los románticos.

La literatura posbarroca en la primera mitad del siglo XVIII

Decadencia de los géneros de creación

La producción de la primera mitad del siglo XVIII deriva de las tendencias barrocas, y las principales figuras de la época son tan solo un pálido reflejo de los grandes escritores del siglo anterior.

La prosa narrativa

El género narrativo en prosa apenas fue cultivado en el siglo XVIII. La novela picaresca acaba de desaparecer, y su última derivación importante, la "Vida", de Torres y Villarroel, es una simple autobiografía tejida a base de recuerdos y totalmente ajena al espíritu que da coherencia y sentido a obras como el Guzmán de Alfarache o el Buscón.

Diego de Torres y Villarroel

Nació en Salamanca y fue en su juventud estudiante holgazán, ermitaño, curandero, profesor de danza, soldado y torero, sucesivamente. Dedicose después a la astrología y a confeccionar "pronósticos" que alcanzaron gran éxito por sus sorprendentes aciertos, y tras algunos estudios de Medicina ganó la cátedra de matemáticas de Salamanca, desierta desde hacía treinta años. Más tarde sufrió una temporada de destierro y a los cincuenta años se ordenó sacerdote. El relato de tales andanzas constituye el fondo de su obra: "Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor D. Diego de Torres y Villarroel". En los seis "Trozos" de que consta, nos expone con desenfadado estilo los episodios más divertidos de su agitada y pintoresca existencia. Su estilo sufrió la influencia del arte de Quevedo.

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Scienze antichità, filologico-letterarie e storico-artistiche L-LIN/05 Letteratura spagnola

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