Los siglos de oro
El siglo XVI - Humanismo y Renacimiento
El marco histórico
Los Reyes Católicos: En 1469, con el matrimonio de Isabel y Fernando, príncipe heredero de Aragón, se consuma la unión dinástica de los reinos de Castilla y Aragón en 1479, aunque ambos territorios mantuvieron sus leyes e instituciones propias bajo el mandato del mismo monarca.
Antes de ello, entre 1474 (año de la muerte de Enrique IV) y 1479, surge una guerra civil por la sucesión de la corona de Castilla entre partidarios de Isabel y partidarios de Juana la Beltraneja, hermanastra e hija legítima de Enrique IV, respectivamente, casada con el rey de Portugal, lo que de haber ganado los partidarios de Juana hubiera producido la unión de Castilla con Portugal.
La Reconquista finaliza en 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. En este mismo año se produce la expulsión de los judíos y el descubrimiento de América; la expedición de La Pinta, La Niña y La Santa María comandada por el navegante Cristóbal Colón y sufragada por la corona española, arribaría a una isla llamada “Guanahani” el viernes 12 de octubre de 1492.
Tras la época de los Reyes Católicos, dos reinados se reparten el siglo XVI: el de Carlos I (1517-1556) y el de Felipe II (1556-1598).
El advenimiento de Carlos I, rey extranjero, originó la Guerra Civil de las Comunidades (1519-1521), ganada por el ejército real. En su reinado se guerrea contra Francia por la posesión de Italia y contra los protestantes alemanes. Se realizan también grandes conquistas en América y España ejerce la hegemonía mundial.
Felipe II prosiguió la lucha contra Francia, contra los protestantes en los Países Bajos; contra los turcos y contra Inglaterra. En el interior, en cambio, dominó la sublevación de los moriscos y el alzamiento de Aragón, promovido por su secretario, Antonio Pérez. Incrementó las conquistas en América y Asia e incorporó Portugal a la Corona española en 1580. Pero, a finales del siglo, España empieza a resentirse de tanto esfuerzo.
Con Carlos I comienza el reinado de la dinastía de los Habsburgo, o Casa de Austria, con la que España conocerá su mayor expansión territorial gracias a la conquista de extensos territorios en América y otras colonias de ultramar. Además, el rey Carlos I fue coronado Emperador del Sacro Imperio como Carlos V, lo que añadió extensos territorios europeos a la Corona; posteriormente, Felipe II, aumenta sus territorios en América y ciñe la corona de Portugal con sus territorios de Ultramar, iniciando un periodo (1580-1640) en el que los dominios del Monarca Católico pasaron a ser la mayor potencia económica y militar del mundo.
Los siglos de oro
Tras la Guerra de Sucesión perdió la preponderancia militar en Europa, aunque siguió siendo la mayor potencia económica del mundo y conservó el dominio de los mares hasta fines del XVIII.
Podemos dividir este periodo según los monarcas reinantes en:
- Reinado de Carlos I de España (1516-1556)
- Reinado de Felipe II (1556-1598)
- Reinado de Felipe III (1598-1621)
- Reinado de Felipe IV (1621-1665)
- Paz de Westfalia (1648): España reconoce la independencia de los Países Bajos
- Reinado de Carlos II (1665-1700)
Imperio español
El imperio español fue uno de los primeros imperios mundiales modernos y uno de los mayores imperios de la historia, siendo considerado el primer imperio global, ya que por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes, las cuales, a diferencia de lo que ocurría en el Imperio romano o en el Imperio carolingio, no se comunicaban por tierra las unas con las otras.
En el siglo XV, España buscaba la apertura de nuevas rutas comerciales a través de los mares y océanos. En 1492 los Reyes Católicos financiaron el proyecto del navegante Cristóbal Colón en la búsqueda de una nueva ruta comercial con Asia a través del océano Atlántico. La llegada al Nuevo Mundo y la posterior conquista de América forjaron la creación del Imperio.
Durante los siguientes siglos España se alzaría como actor principal del mundo occidental y primera potencia de la época. Los conquistadores españoles descubrieron y dominaron vastos territorios pertenecientes a diferentes culturas en América y otros territorios de Asia, África y Oceanía. La incorporación del Reino de Portugal en 1580 supuso el momento de máxima expansión del Imperio hispano.
El área de influencia de España se expandió, constituyéndose en la mayor potencia económica del mundo, el comercio floreció a través del Atlántico entre la Península Ibérica y las Américas, y en el Pacífico desde Asia del Este y las Filipinas hasta México, y en el aspecto militar, durante varios siglos el Imperio español dominaría los mares y océanos con la Armada y los campos de batallas con la infantería de los Tercios.
Durante el apogeo económico del imperio, España alcanzó grandes cotas de prestigio internacional, y cuanto provenía de España era a menudo imitado; extendiéndose el aprendizaje y estudio del idioma español. Las expresiones artísticas más cultivadas en España fueron la literatura, las artes plásticas, la música y la arquitectura, mientras el saber se acumulaba y se enseñaba desde prestigiosas universidades como las de Salamanca o Alcalá de Henares.
El marco social y cultural
Se consagra el absolutismo real: la nobleza se jerarquiza estrictamente con los hidalgos (signorotti) en el último lugar. La Iglesia tiene un gran poder y dispone de casi la mitad de las rentas del país. Por eso la burguesía se desarrolla menos que en otros países y la situación de las clases populares empeora a partir de 1550.
La época de Carlos I es de expansión económica y social, de apertura a las corrientes europeas; en cambio, la de Felipe II es más tradicional y ortodoxa: está prohibido estudiar en el extranjero, se endurece la censura de libros y la Inquisición redobla la persecución de toda novedad que parezca peligrosa.
Aumenta también la preocupación por la limpieza de sangre, es decir, por no tener antepasados moros o judíos (antisemitismo) y se discrimina a quien los tiene. Florecieron los estudios de Geografía, Cartografía y Náutica y también, en menos proporción, los de Ciencias Naturales y Medicina. Mucho mayor desarrollo alcanzaron la Teología, o el Derecho de Gentes o Internacional, que es de creación española.
En las artes, la Arquitectura desarrolla estilos inolvidables: el plateresco y el herreriano (El Escorial) y, en Pintura, destacan Juan de Juanes, Verruguete, Morales y, sobre todos, El Greco.
La religiosidad en el Renacimiento
Europa vive hondos cambios en el siglo XVI, con la Reforma protestante y con el Humanismo: la Reforma rompe la unidad cristiana de la Edad Media, apartando de la Iglesia católica a países como Alemania, Inglaterra, Suiza y Países Bajos. España defiende al Papado en el terreno político, e induce la convocatoria del Concilio de Trento (1545-1563) para afirmar la doctrina católica.
Frente a los protestantes, el Catolicismo emprende su propia reformación (Contrarreforma). Se busca una espiritualidad nueva que lo devuelva a la pureza evangélica y defienda de la herejía. La inquietud religiosa es, por entonces, enorme y nacen muchas herejías perseguidas por la Inquisición.
El humanismo: Petrarca, Erasmo
Francesco Petrarca difundió los ideales del humanismo. Sus obras latinas fueron leídas en el siglo XV, pero en el siglo siguiente, fue mayor la repercusión de su obra italiana, sobre todo el Canzoniere, impresionante conjunto de poemas de amor inspirados por la vida y la muerte de su amada Laura. La influencia de Petrarca que reciben los poetas europeos marca la aparición del Renacimiento en las literaturas de otros países. El Humanismo se extenderá en los siglos XV y XVI por toda Europa.
En el siglo XVI, el humanista más influyente fue el holandés Erasmo de Rotterdam (1467-1536). Junto a su estudio y difusión de los clásicos, brilló su capacidad satírica como fustigador de las malas costumbres eclesiásticas. Propugnó un cristianismo puro, fundado más en la espiritualidad interior que en las ceremonias externas y fastuosas.
Las ideas morales y religiosas de Erasmo penetraron profundamente en ciertos sectores intelectuales españoles, dando origen al erasmismo español. Su obra principal, el Enquiridión o Manual del caballero cristiano, la traduce al español Alfonso Fernández de Madrid, en 1526. Erasmo tuvo un excelente valedor (protettore) en España: Alfonso de Valdés, secretario del emperador. La reacción antierasmista cobraría fuerza a partir de la muerte de Valdés: casi toda la obra de Erasmo figura en el índice de libros prohibidos por la Inquisición en 1559.
Erasmo hablaba en el Enquiridión ("arma manual") de las armas necesarias para la guerra espiritual que debe llevar a cabo el cristiano: la oración y la palabra de Dios. El erasmismo es a la vez una vuelta al conocimiento de las Sagradas Escrituras y de los escritos de los Santos Padres y a un cristianismo interior. El hombre debe conocer a sí mismo y dialogar íntimamente con Dios, sin ceremonias extremas. La relación con Dios debe vivirse con gozo. Erasmo inicia una discreta crítica de las prácticas externas de los cristianos.
Alfonso de Valdés (1490-1532) haría suya la doctrina de Erasmo y la expondría en sus dos diálogos: Diálogo de las cosas acaecidas en Roma (escrito en 1527) y Diálogo de Mercurio y Carón (1528-29). Valdés, que escribe su primer Diálogo para defender al Emperador de las acusaciones que provoca el saco de Roma, lo convierte en un ataque a la corrupción eclesiástica y en un alegato en favor del erasmismo a través de las figuras de sus dos personajes esquemáticos, Lactancio, joven cortesano al servicio del Emperador, su alter ego, y el arcediano del Viso, testigo ocular del saqueo de Roma y ejemplo de la corrupción religiosa.
El Diálogo nace en el contexto histórico del saqueo de Roma de 1527 para defender las ideas del Emperador y de Erasmo de Rotterdam. Se caracteriza por la contraposición entre espíritu cristiano y ritualidad eclesiástica, vicio y virtud, paz y guerra y por fin, Emperador y Papa.
En la pieza propuesta en la antología (página 23), los dos personajes hablan de uno de los temas más criticados por los erasmistas: el concubinato de los eclesiásticos: la iglesia de Roma rechaza todo tipo de cambio, prefiere no renovarse (para guardar los privilegios temporales). Arcidiano, representa a la Iglesia que Valdés quiere destruir y es contrario al matrimonio de los sacerdotes porque no quiere perder los privilegios en la relación con el mundo femenino que le favorece su posición social. Lactancio, en cambio, sigue hablando de los bienes espirituales, que deberían ser el primer pensamiento de un hombre eclesiástico.
En esta circunstancia de profunda decadencia social y moral de la Iglesia de Roma, el saqueo de 1527 se podía interpretar como su directa consecuencia y como expresión de la voluntad divina.
En el segundo Diálogo, elige dos personajes literarios que hablan con doce ánimas que se dirigen a la barca de Carón, condenadas en la primera parte y con seis que se salvan en la segunda. El diálogo con las ánimas va perfilando una vivencia del cristianismo erasmista: los que encarnan sus comportamientos se salvan.
Alfonso de Valdés une la divulgación de la doctrina erasmista a apología de la figura del Emperador.
Su hermano Juan de Valdés (1509-1542) con su Diálogo de doctrina cristiana escribe una de las primeras obras de catequesis protestante: el hombre no puede salvarse con sus propias obras. Dios es quien decide su gracia cuando y como le parece y el hombre solo puede esperar en él. La espiritualidad antropocéntrica del erasmismo se sustituye en Juan de Valdés por la teocéntrica.
Esa atmósfera de espiritualidad desembocará en las grandes creaciones de la mística y en el gran cisma de la Iglesia. El Concilio de Trento sancionará una forma de actuación: la contrarreforma afianzará los elementos atacados por los reformistas y la Inquisición en España reafirmará su poder.
El Tribunal de la Inquisición fue creado en 1468 para perseguir en principio a los hebreos convertidos al cristianismo que conservaban en secreto sus tradiciones. La expulsión de los judíos en 1492 y la de los moriscos en 1609 marcaría la definitiva ruptura de la convivencia de las tres religiones.
Los ideales humanísticos
El Humanismo impone una concepción antropocéntrica, es decir:
- En su centro está el hombre: se exalta todo lo humano y el ideal educativo busca un desarrollo armónico del individuo. El hombre se convierte a sí mismo en el centro de su pensamiento, de su mundo. Conocerse a sí mismo será el primer paso para poder conversar con Dios: el hombre puede elevarse o destruirse. Se sabe hecho por Dios, pero con la libertad para alcanzar con sus propias fuerzas un lugar en el mundo. El hombre se perfecciona gracias al conocimiento: el tiene alma parecida a Dios y cuerpo semejante al mundo, es un microcosmo.
- Con el convencimiento de la dignidad del hombre, se afirma que "el hombre es la medida de todas las cosas" y que, a su medida, puede organizarse armónicamente el mundo. Se profesa la confianza en el poder de la razón para explicar el universo y conocer la verdad. De ahí el sentido crítico y la curiosidad que lleva a los descubrimientos y a los avances de la ciencia.
- Una nueva valoración de la naturaleza, llena de bellezas que serán fuente de contemplación, de goce y de inspiración.
Los humanistas piensan que ese ideal antropocéntrico lo había vivido la Antigüedad grecorromana, por eso se restauran los ideales clásicos, no solo como objeto de estudio y veneración, sino también de imitación humana y literaria. Se restaura también, por supuesto, el estudio de las lenguas clásicas, griego y latín: la reina Isabel mandó a Nebrija (humanista español) que tradujera al castellano sus Introductiones latinae (1481), manual para el aprendizaje del latín, para que las monjas, que no sabían tal lengua, pudieran aprenderla. Estas se convirtieron en el núcleo de la nueva educación, que se apoyaba en el conocimiento del latín clásico para estudiar cualquier otra disciplina y leer los clásicos para imitarlos.
El Renacimiento
Es un movimiento europeo que, a lo largo del siglo XVI, aplica los ideales humanísticos a todas las actividades culturales (literatura, artes, filosofía, etc.) e incluso políticas. En todas esas actividades se adoptan modelos clásicos adaptándolos a los nuevos tiempos. Son también muy estimados y apreciados los grandes humanistas y escritores italianos en quienes se ve una reencarnación de los genios de la antigua Roma (Petrarca, Ariosto, Tasso, etc.)
Surgen en Europa las naciones, las "nuevas Romas", fuertes Estados centrales con proyección imperial. Por ello, aunque la veneración del latín es muy grande, crece el cultivo literario de las lenguas propias de cada país, como afirmación del ser nacional.
Los conceptos fundamentales del Renacimiento
- El cortesano: Tener conocimientos y saber mostrarlos es uno de los rasgos que perfilan el retrato del cortesano, el prototipo del hombre renacentista al que Baltasar Castiglione dio forma en su diálogo (1528). El cortesano de buen linaje ha de ser diestro en el uso y ejercicio de armas, pero también en el de las letras. Al escribir, el cortesano debe alcanzar una cierta agudeza sustancial y secreta, para que el lector tenga que esforzarse, trabajar con su "buen juicio".
- La dama: En la dama, la hermosura es cualidad mucho más importante que en el hombre, como debe serlo también el cuidado de su honra. Debe poseer el arte de la conversación y no ser ni vuelta ni retraída, el difícil justo medio. Su educación consiste en tener "noticias de letras, de música, de pinturas" y danzar bien. La dama debe tener una mediana cultura y no mostrarla.
- El amor: El amor es deseo de "gozar lo que es hermoso", como decía Platón. El gozo platónico de la belleza femenina será además un primer paso en el camino de la comunicación con la divinidad. La hermosura es "un bien que mana de la bondad divina" y se muestra especialmente en un rostro armonioso, proporcionado, bien compuesto que atrae los ojos que le ven: es el amor. Cuando la dama se ausenta, surge el dolor insoportable que es la causa del lamento constante del yo poético.
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