Los narradores del Quijote
Autor í
a
- 1 – 8: ???
- 9 – 52 + segunda parte: Cide Hamete Benengeli
El narrador/editor de los primeros ocho capítulos se ve porque al final del capitulo VIII hay una brusca
interrupción del encuentro entre los hidalgos castellano y vasco. Este recurso estilístico se llama “autor
primero” y es una de las presencias textuales más fantasmagóricas del Quijote, dado que, si bien existe
como personaje que forma parte de la historia, no es menos cierto que carece de nombre en la novela.
En conclusión podemos decir que representa la primera instancia o expresión discreta del “autor
implícito”.
Cide Hamete Benengeli
Cide Hamete Benengeli es presentado por el narrador-editor del Quijote, en el capítulo IX de la primera
parte, como el autor de un manuscrito arábigo que es traducido al castellano por un morisco
alijamiado, y que comprende la historia de Don Quijote. El resultado de la traducción del texto de
Hamete es editado por el Narrador del Quijote, quien se comporta como «segundo autor» y editor de la
obra. Cide Hamete es sólo un recurso estilístico, un personaje que sirve al diseño retórico del sistema
narrativo. El estilo de Cide Hamete está en la línea de los autores ficticios de las novelas de caballerías,
es hiperbólico, enfático e inverosímil, como lo es el personaje mismo, mientras que la voz del
Narrador-editor representa el contrapunto de discreción, sensatez y verosimilitud. El narrador-editor se
burla de Don Quijote, transcribe los títulos de los capítulos, y su estilo es intensamente irónico con los
personajes; Hamete, sin embargo, los presenta, eleva y enfatiza como héroes.
Conviene advertir que el lector real no accede nunca al texto original (arábigo) atribuido a Cide
Hamete, ya que su discurso es siempre citado, mencionado, entrecomillado o resumido, de modo que,
en la obra de ficción, es resultado de dos revisiones o transducciones, la del morisco aljamiado y la del
Narrador-editor. Ante todo, Cide Hamete complica, fragmenta, multiplica, disgrega..., la unidad autorial
que representa Cervantes, quien resulta progresivamente desplazado en su propia obra, a través de
estratificaciones discursivas discretas y concéntricas.
Las notas intensivas más recurrentes sobre Cide Hamete proceden inicialmente del Narrador-editor, e
insisten en presentarlo como «autor arábigo y manchego» (22, I) y como cronista o «historiador muy
curioso y muy puntual en todas las cosas, y échase bien de ver, pues las que quedan referidas, con ser
tan mínimas y tan rateras, no las quiso pasar en silencio» (16, I), de modo que resulta situado en el
intertexto literario de los «autores ficticios», sabios y encantadores, habituales en las novelas de
caballerías. Las notas intensivas más recurrentes sobre Cide Hamete proceden inicialmente del
Narrador-editor, e insisten en presentarlo como «autor arábigo y manchego» (22, I) y como cronista o
«historiador muy curioso y muy puntual en todas las cosas, y échase bien de ver, pues las que quedan
referidas, con ser tan mínimas y tan rateras, no las quiso pasar en silencio» (16, I), de modo que resulta
situado en el intertexto literario de los «autores ficticios», sabios y encantado
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