Las soledades
Soledad I
Dedicación
Asunto del poema (I-4); invocación al duque de Béjar (5-6); alusión a la gigantomaquia (7-8), seguida de la descripción de una cacería en que no se usan armas de fuego (9-21); invitación al reposo y solicitud de la atención y ayuda que se espera del prócer (22-34).
Primera soledad
Mito de Europa, raptada por Júpiter en forma de toro, luego caracterizado en Taurus, constelación en que entra el sol a fines de abril (1-6); presentación del joven peregrino, comparado a Ganimedes, príncipe troyano que, por su belleza, fue raptado por el águila de Júpiter y convertido en copero de los dioses (7-9); sus lamentos durante el naufragio conmueven al mar, y una tabla lo salva, como el delfín a Arión (10-21) en la leyenda contada por Herodoto.
Rapto de Europa y Ganimede
Una vez en la playa, seca sus ropas y, ya al atardecer, trepa por unos riscos (22-51); el joven, recordando a los Dioscuros (Gemini), hijos de Leda y protectores de los navegantes, así como el villano sigue de noche la gema que cierto animal lleva en su frente, se dirige a la luz, que resulta ser la hoguera de unos cabreros (62-93).
Apóstrofe a la vida rústica contrapuesta a la corte, donde dominan la ambición, la envidia, la ignorancia, la adulación, la soberbia y la mentira (94-135).
Mito de la edad dorada
Para describir la acogida del náufrago, a quien los cabreros ofrecen leche, cecina, y lugar donde dormir tranquilo, hasta que al amanecer las aves, no la inquietud guerrera, lo despiertan (136-181); Uno de ellos lo acompaña hasta un escollo desde donde se domina el paisaje: fértil valle fluvial que evoca la cornucopia (182-211); el cabrero, al hablar, introduce el tema de las ruinas, pero interrumpe su disertación la cacería de un lobo, a la que se suma (212-232).
El forastero y las serranas
El forastero, ya encaminado, descubre unas serranas: la primera tañe un instrumento cuyo efecto es como el de Orfeo: hace detenerse las aguas de un arroyo; otras marcan el ritmo con unas tejoletas de forma que incluso los peñascos y los árboles quisieran danzar (233-258). El peregrino, desde el hueco de una encina, las contempla, y las cree bacantes o amazonas, hasta que se cerciora de que son aldeanas que acuden a unas bodas mientras los aldeanos aportan ricos presentes (259-280).
Las Bacantes y ofrendas
- Una ternera (287)
- Gallinas (292)
- Cabritos (299)
- Conejos (306)
- Pavos de Indias (309)
- Perdices (316)
- Una parra de miel (327)
- Un gamo joven, cuya falta de ornamente provoca el humor del poeta (329-334).
Los mozos descansan junto al arroyo, manso por el efecto órfico antes.
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Letteratura spagnola - Las Soledades
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