Las orígenes del español de América
Las orígenes del español americano se deben buscar en el castellano que se emplea en las diferentes regiones de la Península Ibérica en el momento del Descubrimiento. Las variedades utilizadas en América se han modelado a partir de las diversas formas de hablar español que los emigrados europeos llevan a las nuevas tierras. De este modo, se puede decir que el español se caracteriza por dos factores: la variación y la expansión. Es decir, se trata de una lengua que se está extendiendo por nuevos territorios donde anteriormente no se hablaba y que presenta diferencias de uso determinadas por factores de tipo diatópico y diastrático.
El proceso de expansión
Se habla de proceso de expansión ya a partir de mediados del siglo XV, cuando el español se transformará en lengua predominante en la Península Ibérica, por difusión y por su aceptación como una de las grandes lenguas de cultura. Se trata de una expansión horizontal, que implica su uso en zonas donde anteriormente no se hablaba, y una expansión vertical, presente en diferentes campos anteriormente reservados al latín. Empiezan a desaparecer el leonés y el aragonés, favoreciendo el desarrollo del castellano, que tiene el prestigio de norma culta o cortesana. A partir de ahora, el leonés se conservará como habla rústica propia de las comedias, mientras el aragonés sufrirá de un proceso de cambio lingüístico.
Además, el español se extiende también por las regiones actualmente bilingües como las zonas catalanohablantes como Valencia y Cataluña. La misma situación se presenta en Galicia donde el español es el idioma de prestigio y el gallego es una lengua sin cultivo literario.
Así como afirma Juan de Valdés en su obra Diálogo de la Lengua, la lengua castellana constituye una lengua de amplia difusión entre los estratos bajos de la población y de conocimiento general en los estratos altos. Obviamente, la expansión del español no termina en la Península Ibérica, sino se extiende en otros territorios, o sea en América.
El proceso de variación
Por lo que se refiere al proceso de variación, tenemos que tener en cuenta que la lengua varía o cambia constantemente. Ya a finales del siglo XV se pueden contar algunas variedades castellanas, agrupadas en dos usos distintos: el norteño y el toledano.
Las características lingüísticas del español hablado en el momento en que Colón llega a América son muchas. Especialmente son importantes: las transformaciones del subsistema de sibilantes, cuando los tres pares del español medieval pierden, en primer lugar, la correlación de sonoridad. A partir de aquí, la prepalatal fricativa atrasa su punto de articulación hasta convertirse en un fonema fricativo velar /x/, o sea la /j/ del español moderno.
El caso de /ts/ y /s/ es más complejo. /ts/ empieza a adelantar su punto de articulación hasta que adquiere una pronunciación interdental fricativa sorda (representado por la /z/ del español). Esto es el fenómeno fonológico principal, aunque hay otros como el yeísmo.
Morfosintaxis y léxico
Por lo que se refiere a la morfosintaxis tenemos la alternancia entre la fusión del pronombre con el infinitivo y la forma con –rl (amallo/amarlo) o la metátesis en el imperativo (haceldo/hacedlo). Otros fenómenos de gran importancia que tendrán repercusiones en el español americano se producen en el campo de los pronombres. La antigua forma de respeto vos comienza a perder este valor y a alternar en los usos de confianza con tú. El leísmo (uso de le por lo) es otro fenómeno que se consolida en muchas áreas.
Por lo que se refiere, además, al sistema verbal es la diferencia fundamental entre ser y estar, haber y tener. Por lo que se refiere al léxico podemos hablar de la introducción de nuevos vocablos, fenómeno que se desarrolla a través de las relaciones de España con otros países, especialmente Italia, Portugal y Francia. Se debe tener en cuenta también la abundante entrada de cultismos griegos o latinos por medio de la literatura de la época. Todo esto enriquece mucho el léxico español.
El español americano: una lengua en transformación
Así pues, se debe concluir que el español que llega a América es una lengua en profundo proceso de cambio, con marcadas diferencias de tipo diatópico y diastrático que caracterizarán en parte su posterior desarrollo en el continente. El español americano es una lengua obviamente variada. La llegada del español a América se produce en periodos diferentes. En el caso de las Antillas se produce en 1492 mientras se produce en el continente en general a mediados del siglo XVI.
El español llega a América en 1492, extendiéndose después en todo el continente. Su utilización en el Nuevo Mundo se debe principalmente a la llegada de muchos emigrantes, que desarrollan la sociedad colonial y utilizan el español como instrumento básico de comunicación. Se produce así una escasa hispanización lingüística de la población autóctona, aunque muchos siguen hablando lenguas indígenas, por lo que el español va a constituir la lengua de la minoría social dominante, europea y criolla.
Factores sociales y regionales
Por lo que se refiere a la origen social (factor diastrático) de los emigrantes se puede afirmar que muchos de los que se fueron a América pertenecían a los estratos más bajos de la sociedad española. Por eso utilizarán una variedad más popular y vulgar de la lengua, que determinará cierto rusticismo del español americano.
Entre los emigrados abundan también soldados, marinos y artesanos, que hacen parte de grupos de nivel social más o menos bajo. Se descubre también una presencia muy importante de escribanos, clérigos, oficiales de ejército, todos dotados de notable cultura. Por eso, se debe tener en cuenta que la base social de la Colonia no la constituyen exclusivamente los estratos más bajos de la sociedad peninsular, sino también los grupos medios y superiores.
Por lo que se refiere al factor diatópico, los andaluces son los emigrados más presentes en América. Sin embargo, todas las regiones españolas contribuyen a la colonización y poblamiento de América. Es evidente que el español de América se forma a partir de una base andaluza a la que se añaden aportes de otras variedades regionales.
Las influencias del andaluz se pueden apreciar en todos los niveles lingüísticos, muy especialmente en el nivel fonético donde se pueden señalar los siguientes rasgos: seseo e yeísmo. El seseo es la alteración de /s/ en posición implosiva mientras el yeísmo es la confusión y pérdida de /r/ y /l/ implosivas, o pérdida de /d/ intervocálica y final.
Influencia de otras regiones
En cuanto al nivel morfosintáctico, entre los rasgos principales encontramos: la pérdida del pronombre personal vosotros y su sustitución con ustedes. Por lo que se refiere al nivel léxico se desarrollaron muchos andalucismos como alfajor, búcaro, capacho, estancia, hacienda, maceta, pocillo, rancho, etc.
Importante es también la influencia del español de Canarias aportada al español de América. Todos los rasgos ya señalados para el andaluz se registran también en el español canario.
Rasgos de la Extremadura: el cambio de bl por br (habrar por hablar), el yeísmo, la relajación de r y su neutralización con l (borber por volver). Las aportaciones de Castilla y León: el ensordecimiento de las sibilantes medievales, leísmo, regionalismos por lo que se refiere al léxico. Por último, las aportaciones del País Vasco: seseo, ausencia de yeísmo.
El español antillano
El español antillano es el primer dialecto autóctono o criollo que se va a desarrollar. Este dialecto va a tener mucha importancia para el desarrollo de las diferentes variedades utilizadas en América. Este español antillano es el resultado de un proceso de criollización: alteración del español dialectalmente diferenciado llevado a América, a partir del cual surgió el español americano, con variedades socioculturales o geográficas que se extendería a todos los criollos o nacidos en Indias, rasgo distintivo de su personalidad americana (Frago). La creación de este español criollo diferenciado se puede explicar como resultado.
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