[h22]La Generación del 98[/h2]

Como hemos visto, el año 1898 señala una de las etapas más significativas de la historia española contemporánea: la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, últimos baluartes del imperio colonial español. Un grupo de jóvenes intelectuales reacciona ante la situación de malestar social derivada de este “desastre”, proponiendo una revisión profunda de la historia de España y una renovación de la conciencia nacional. Azorín fue el primero en emplear en 1913 la etiqueta “Generación del 98”para referirse a este grupo de autores que compartían las mismas inquietudes y actitudes de protesta, además de una profunda preocupación por España. Ya en 1901 el mismo Azorín, junto con Pío Baroja y Ramiro de Maeztu, que se autodenominaban el “Grupo de losTres”, firmando así sus escritos, había publicado el Manifiesto, documento en el que se denunciaba la situación de España y la urgente necesidad de mejora. Sin embargo, dicha etiqueta provocó el rechazo de Pío Baroja, que se negó a formar parte de ese grupo literario. Años más tarde el poeta Pedro Salinas, aplica los criterios de Petersen para definir una generación:

• Nacimiento de sus integrantes en años muy poco distantes: para pertenecer a una generación los miembros no deben superar una diferencia de edad de más de quince años. En la del 98 el mayor era Unamuno (1864) y el más joven Machado (1875).
• Formación intelectual semejante: en este caso, todos fueron autodidactas.
• Mantenimiento de relaciones personales entre los miembros del grupo: todos frecuentaban las mismas tertulias literarias en Madrid y colaboraban con los mismos periódicos y revistas.
• Participación conjunta en actos colectivos: visita a la tumba de Larra en 1902, protesta en 1904 por la entrega del Nobel de literatura a Echegaray, “símbolo de una España pasada”, etc.
• Presencia de un acontecimiento generacional que los aglutine: el desastre del 98 y la pérdida del imperio colonial.
• Presencia de un guía: para Salinas no está tan clara la existencia de un líder en este grupo, aunque propone a Nietzsche. Algunos críticos piensan que puede ser Larra, cuya obra también está presidida por la misma preocupación por España; otros ven en Unamuno a esa figura carismática.
• Rechazo a la generación anterior por su anquilosamiento: los escritores del 98 reaccionan contra los escritores realistas y naturalistas de la segunda mitad del siglo XIX.
• Lenguaje generacional: les caracteriza una marcada voluntad antirretórica, un lenguaje sencillo y sobrio y un estilo cuidado.
Suele considerarse precursor de esta generación a Ángel Ganivet, autor de Idearium español, obra en la que reivindica a España y a su cultura. Entre las figuras más representativas del movimiento se encuentran Miguel de Unamuno, Azorín, Antonio Machado, Ramiro de Maeztu, Ramón del Valle-Inclán (llamado “hijo pródigo del 98”) y Pío Baroja.
Actualmente la crítica niega la existencia real de tal generación, y prefiere hablar de una “generación de fin de siglo”, que englobaría tanto a escritores noventayochistas como modernistas, con una serie de rasgos comunes, que algunos han denominado “espíritu del 98”. En definitiva, pues, 98 y Modernismo no serían más que dos expresiones simultáneas de la crisis que afectó a España en aquel período. Si se continúa con esta distinción es por motivos meramente didácticos: la “Generación del 98” se identificaría con una serie de escritores más preocupados por el problema del ‘desastre’, mientras que el término Modernismo se relacionaría con aquellos autores más preocupados por cuestiones de índole estética.

Temas
Los temas predominantes en la obra de los escritores españoles de esta generación de fin de siglo son España y el sentido de la vida.
El tema de España. Tras el Desastre, la discusión sobre el llamado “problema de España”se convierte en tema obligado. Recordemos la famosa frase de Unamuno: “Me duele España”. El examen de “esa dolorosa realidad española” les lleva a criticar a su sociedad, sus “vicios nacionales” cuales la pereza, el prejuicio, la insolidaridad, la envidia, y a revisar la historia nacional, en la que los escritores del 98 encuentran el germen de la desastrosa situación del presente. El paisaje castellano se convierte en el símbolo del alma española, sobre todo Castilla, en la que ven la esencia de España (véase por ejemplo La ruta de don Quijote o Por tierras de Portugal de Azorín o España de Unamuno).

Las preocupaciones existenciales y religiosas adquieren especial relieve: los noventayochistas se interrogan sobre el sentido de la vida, el destino del hombre, la religión, la existencia de Dios, etc. con un enfoque intensificado por las corrientes irracionalistas europeas (Nietzsche, Schopenhauer, Kierkegaard, etc.). Encontraremos estas preocupaciones en Unamuno, en las poesías de Machado y en las novelas de Pío Baroja.

Los géneros
Si el Modernismo había encontrado en la poesía su género literario más representativo, será la prosa el género preferido por el grupo del 98: prosa, novela y sobre todo ensayo permitirán a los noventayochistas expresar sus inquietudes. En la novela los protagonistas serán antihéroes, personajes marginados, frustrados (Baroja, Unamuno); a menudo el narrador omnisciente tiende a desaparecer. Cabe recordar también los intentos renovadores de Unamuno y de su nivola. El ensayo será dominante en esta época
como modo de expresar la ideología de los escritores. Además de Unamuno y Azorín, grandes ensayistas, recordamos a Ángel Ganivet, con su Idearium español y El porvenir de España, en colaboración con Unamuno. La poesía de los noventayochistas es fundamentalmente intimista, aunque cada autor explora vetas temáticas distintas según sus intereses: así, el sentimiento y el paisaje prevalecen en la lírica de A. Machado y los temas existenciales y el paisaje en la de Unamuno. El lenguaje se adapta a los temas y es sencillo y antirretórico. Los poetas del 98 valoran sobremanera la poesía de Bécquer y Rosalía de Castro, así como a los autores de la literatura medieval, en particular a Berceo. La renovación de las fórmulas narrativas no logró llegar al teatro. Los motivos son de tipo meramente comercial: solo una minoría de espectadores (los más cultos) aceptaban las renovaciones escénicas. De ahí queValle-Inclán, que intentó renovar el teatro con sus esperpentos, nunca viera en escena sus obras. En el teatro comercial destacan las figuras de Carlos Arniches, con su teatro cómico, y Jacinto Benavente, quien crea un teatro levemente satírico y crítico contra las costumbres de la clase burguesa.

Estilo
Los rasgos estilísticos comunes en los autores de la Generación del 98 se pueden resumir de la siguiente manera:
• Uso de un lenguaje sencillo, natural y antirretórico.
• Preocupación por el léxico: se recuperan vocablos tradicionales, arcaicos, o procedentes de la lengua popular y castiza, las denominadas palabras ‘terruñeras’.
• Estructura caracterizada por oraciones coordinadas y párrafos breves.


Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1864. Fue catedrático de griego en la Universidad de Salamanca, y en 1901 ocupó el cargo de Rector, al que debió renunciar en 1914 por sus ataques a la monarquía de Alfonso XIII. Diez años después, en 1924, fue desterrado a Fuerteventura (Islas Canarias) por sus enfrentamientos con la dictadura del General Primo de Rivera, para volver triunfalmente en febrero de 1930 cuando éste fue destituido y convertirse en uno de los intelectuales que más insistentemente pidieron la abdicación de Alfonso XIII. Al ser proclamada la II República, en 1931, ocupó nuevamente el cargo de Rector de la Universidad, pero pronto se alejó también del nuevo régimen, hasta el punto de aceptar en 1936 la sublevación del Ejército español encabezada por Franco. Sin embargo, pronto se enfrentó también a los franquistas: en un acto celebrado en la Universidad de Salamanca, ante el grito de “viva la muerte”y “ muera la inteligencia”, es famoso su comentario“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”. Resultado de esta intervención fue su destitución como rector y la condena a vivir bajo arresto domiciliario. Murió el 31 de diciembre de 1936 en su casa de Salamanca, solo, abandonado y despreciado por ambos bandos.

Cultivó todos los géneros literarios: fue poeta, novelista, autor teatral y ensayista.

Novelas
Su intensa obra narrativa se abre con Paz en la Guerra (1895), ambientada durante la guerra carlista. Entre otras, recordemos Amor y pedagogía (1902), en la que muestra el fracaso de la sociología positivista, Niebla (1914) y Abel Sánchez (1917), donde invierte el tópico bíblico de Caín y Abel para tratar el tema de la envidia. Entre sus últimas novelas destaca, sin duda, San Manuel Bueno, mártir (1933), historia de un cura que ha perdido la fe.
Poesía. En poesía, Unamuno trata los mismos temas que en el resto de su producción literaria: la inquietud religiosa y la angustia espiritual, el paisaje de España con sus hombres y sus pueblos. Entre su poesía destaca sobre todo El Cristo de Velázquez (1920), la obra cumbre de la poesía unamuniana. En 1953 apareció de manera póstuma un extensísimo Cancionero, con 1.775 composiciones.
Teatro. Su producción teatral tuvo menor éxito. Sus obras, influidas por la tragedia griega clásica, eran demasiado esquemáticas y simples en lo escénico y reflejaban en exceso el drama de los personajes. Citamos, entre otras, Fedra (1918), Raquel encadenada (1921), El otro (1932), y Medea (1933).

Ensayos
El ensayo es el género que mejor se adapta a Unamuno, el que le ofrece más libertad de expresión y en el que con más soltura se mueve: escribe ensayos de literatura, política, filosofía, arte y religión. En La vida de Don Quijote y Sancho (1905), comentario original y apasionado del espíritu quijotesco, Don Quijote es presentado como un modelo de ideal, pasión, generosidad y entusiasmo, símbolo del pueblo español. En Del sentimiento trágico de la vida (1913) se plantea el problema de la inmortalidad del hombre y su conflicto entre la razón y la fe. La agonía del Cristianismo (1925) representa la conclusión del pensamiento religioso de Unamuno. El cristianismo, como fenómeno histórico, es presentado como una «agonía» (en el sentido etimológico de lucha), siguiendo la influencia del racionalismo y el positivismo, en particular de Arthur Schopenhauer y Kierkegaard.

El “Problema de España”
Como para otros autores de la Generación del 98, el problema de España es uno de los temas recurrentes en Unamuno. Su preocupación por España le llevó a realizar continuos viajes por sus tierras y a una constante meditación sobre su historia pasada y su presente. El interés de Unamuno por España está fuera de toda duda. “Me duele España”, llegó a afirmar, declarándose “un español sobre todo y ante todo”. Entre los varios ensayos que dedicó al estudio de la cultura hispánica, cabe citar En torno al casticismo (1902), La vida de don Quijote y Sancho (1905) y Por tierras de Portugal y España (1911).

El problema existencial
Al lado del problema de España, el tema que más aborda Unamuno en sus escritos es el problema existencial. Su obra está fuertemente influida por el pensamiento de Kierkegaard y Schopenhauer, llevándolo a posturas que se han relacionado con el existencialismo. Unamuno se consideró “un hombre de contradicción y de pelea [. . .] uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza,y que hace de esta lucha su vida”. Las contradicciones de la religión y el problema de la inmortalidad son temas centrales en Del sentimiento trágico de la vida (1913) o en La agonía delcristianismo (1925),aunque subyacen constantes en toda su producción literaria, incluyendo novelas como “San Manuel Bueno, mártir” y sus poesías. Tanto Del sentimiento trágico de la vida, publicado en 1913, como La agonía del cristianismo (1925), representan una exposición apasionada de la eterna lucha entre la fe y la razón como solución unamuniana al problema de la inmortalidad personal. Para Unamuno, se trata de un conflicto insoluble, pues la fe religiosa quepromete la inmortalidad no es comprobable, además que irracional, y la razón que la niega sólo puede operar sobre lo irracional. La solución unamuniana llega a través de un concepto de relativismo, ya que Unamuno acepta instalarse a vivir en la duda, como forma precaria de esperanza, algo a todas luces preferible a la certidumbre de la nada.

"En torno al casticismo"
Se trata de cinco ensayos que fue publicando en 1895 en la revista La España moderna y que sólo siete años más tarde, en 1902, fueron reunidos en un libro. En este ensayo Unamuno trata el tema de la decadencia de España, distinguiendo entre tradición eterna, entendida como “el fondo del ser del hombre mismo”, y tradicionalismo, o sea apego a un concepto de tradición estrecho, superficial y conservador. Forja el concepto “casticismo”, palabra que deriva del sustantivo casta, que a su vez deriva del adjetivo casto,puro. Castizo viene a significar, pues, un pueblo y un idioma que se mantienen puros, incontaminados de elementos extranjeros. Para Unamuno “la tradición es la sustancia de la historia”; por lo que respecta a la España del momento, su situación de decadencia se debe tanto a los acontecimientos de la historia de varios siglos atrás, que aislaron al país del resto de Europa, como a la forma de ser del pueblo español.
En En torno al casticismo se pueden observar tres ideas principales:
• Hay que “europeizar” a España, es decir, terminar con el aislamiento del país e integrarse intelectual y espiritualmente en Europa.
• Esto no quiere decir olvidar cuáles son los verdaderos valores españoles. Para eso, es imprescindible bucear en la intrahistoria de España, o sea “la vida silenciosa de millones de hombres sin historia”. Con este concepto de intrahistoria Unamuno llama la atención sobre la importancia, en la historia española, de la vida y los pensamientos de las gentes que componen un país, más que los grandes hechos, las grandes batallas, los grandes reyes o guerreros.
• Entre el paisaje español y el alma castellana existe una conexión. En el paisaje y en la historia de Castilla, Unamuno ve, al igual que otros autores de su generación, la esencia del alma española: la pasada grandeza de España, que figuras como el Cid, episodios históricos como la Reconquista, o escritores emblemáticos como Cervantes y Calderón de la Barca encarnan a la perfección, contrapuestos al “espectáculo deprimente” en que se ha convertido el país.

Vida de Don Quijote y Sancho
Ya a partir de esta obra comienza una preocupación inversa: Unamuno sustituye su deseo anterior de “europeizar a España” por la de “españolizar a Europa”, reafirmando la importancia de los valores castizos con el famoso “¡Que inventen ellos!”. En esta paráfrasis sugestiva del Quijote, Unamuno identifica la idea de una España ideal, capaz de superar el estado de postración en que se halla, en la figura de don Quijote, su héroe y su símbolo. Don Quijote representa para él el alma española, el héroe que rechaza la lógica para seguir su propia fe y visión personal. Exalta la “locura quijotesca”, su extraordinaria capacidad natural de superar las barreras del sentido común y la ve como uno de los valores que ha de contagiar las almas españolas, para encaminarlas hacia un “nuevo espíritu de España”. Incluso Sancho aparece quijotizado, convirtiéndose en el heredero de su dueño y en el hombre encomendado a dar a conocer por el mundo el espíritu de Don Quijote. El “problema de España” se define ahora como una falta de nuevos quijotes que, con su locura, den vitalidad al mundo.

Por tierras de Portugal y España (1911) y Andanzas y visiones españolas (1922) son recopilaciones de artículos periodísticos de viajes, en los que el autor vasco relata sus frecuentes recorridos por ciudades y campos de España. Unamuno no se detiene en la simple representación del paisaje, sino que busca en él motivos de reflexión histórica, ideológica y política.

El arte de la nivola: Niebla
Unamuno acabó de escribir Niebla en 1907 pero no se publicó hasta 1914. La obra tuvo mucho éxito traduciéndose a varias lenguas. Hoy es considerada la mejor de las obras narrativas de Unamuno.

Argumento
Augusto Pérez, joven rico y soltero, encuentra casualmente a Eugenia y se enamora (o cree enamorarse) de ella, a pesar de que ella está comprometida. Después de varias peripecias, Eugenia acepta casarse con Augusto, pero la víspera de la boda se escapa con su anterior prometido, Mauricio. Ante esta noticia
Augusto decide suicidarse, pero antes emprende viaje a Salamanca para hablar con un autor que le gusta mucho, que no es sino el mismo Miguel de Unamuno. Unamuno dice a Augusto Pérez que no existe, que es solo un ente de ficción y que, como su creador, ya ha decidido el final para él: está destinado a morir, no a suicidarse. Al día siguiente, encuentran a Augusto Pérez muerto al igual que a su perro, Orfeo (p. 20 y 81 del libro online).
Al comienzo del libro hay un prólogo (p. 1 del libro online), redactado por Víctor Goti, otro personaje de ficción de Unamuno, íntimo amigo de Augusto Pérez, quien afirma que su amigo, Augusto, se suicidó voluntariamente; y también hay un Post-Prólogo (p. 4 del libro online), firmado por el mismo Unamuno, en el que el autor contradice a Gori, amenazándolo, además, con dejarlo morir o matarlo, según su libre albedrío, tal y como hizo con Augusto. Ricardo Gullón escribe: “Niebla es la novela del absurdo existencial, del hombre perdido en la angustia de una vida sin finalidad”. Esta novela es fruto de su tiempo, de la crisis del positivismo y de la visión de la existencia humana como dolor (Schopenhauer) y angustia (Kierkegaard). En el capítulo XVII de Niebla, encontramos la explicación del término nivola (p. 43 del libro online). Si al escribir una novela se corre el riesgo de que la obra acabe no siendo una novela, no hay problema: se inventa un género, la nivola, y se establecen nuevas leyes: la nivola ha de tener mucho diálogo, y cuando el personaje se quede solo habrá un monólogo, o se inventará un perro para que discuta con él. Además, la nivola no debe tener un argumento acabado, prefijado por el autor; debe reproducir la vida que va evolucionando poco a poco. Tampoco habrá descripciones fotográficas de la realidad ni retratos psicológicos, que quedarán implícitos en el diálogo de los personajes.
El personaje central no es un protagonista al uso, pues ni los otros personajes ni los acontecimientos de la novela giran en torno a él y su devenir; no es tampoco un antagonista (un héroe o un anti-héroe); es un agonista, o sea un ser en agonía, en lucha con su propia existencia.
En Niebla, el propio Unamuno es un personaje importante de la novela, que se entromete constantemente en la vida de sus protagonistas. Aparece en el mismo prólogo: es él quien pide a Víctor Goti, uno de los personajes, que le escriba dicho prólogo; y en el famoso capítulo XXXI, cuando Augusto, el protagonista, quiere suicidarse y decide consultar al autor de la obra, Miguel de Unamuno. En la conversación que mantienen personaje y autor se funden ficción y realidad. Unamuno le explica a Augusto que no puede suicidarse, ya que no existe sino como ente de ficción: “no eres […] más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato”; de la misma manera, todos nosotros somos también personajes de ficción creados por Dios.Tras una discusión con Augusto, Unamuno toma la decisión de matarlo, pero antes de morir Augusto advierte al autor que él también está condenado a morir: “Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera”.
La relación entre el autor y sus personajes, es decir entre Dios y sus criaturas, es el principal tema de la novela. Unamuno, a través de la comparación de la vida con la novela, nos muestra la precariedad de la existencia humana: el ser humano, al igual que Augusto, está en manos de su creador y de nada le sirve rebelarse contra él. Pero también el novelista, el dios que crea y destruye a sus personajes, está sujeto a los designios de su creador y, tras su muerte, sus criaturas le sobrevivirán.
En Niebla conviven varios tipos de narrador: un narrador omnisciente, que cuenta la mayor parte de la historia de Augusto Pérez; uno de los personajes de la novela, Víctor Goti; y el mismo autor, Miguel de Unamuno.

Estilo
El estilo de Unamuno refleja completamente los rasgos de su personalidad. Enemigo declarado de las formas bellas, su lenguaje es sobrio, despegado de viejas retóricas, lejos de un estilo rebuscado, siendo para él más importante lo que se dice frente a cómo se dice. Como afirma en la Vida de Don Quijote y Sancho, desdeña los «tiquismiquis y minucias de los del oficio». Pero al mismo tiempo su lenguaje es vivo
y expresivo. Busca la densidad de ideas, la intensidad emotiva; revitaliza, como Azorín, palabras rústicas y terruñeras, e inventa términos nuevos, redescubriendo el primitivo significado etimológico de las palabras. En Niebla encontramos abundancia de preguntas retóricas que implican al lector; a veces hay descuidos, reiteraciones cacofónicas, leísmos, laísmos, etc. Su gusto por las paradojas, las antítesis, las exclamaciones, la densidad de ideas y la intensidad emocional demuestran su constante lucha interna con el idioma para adaptarlo a su pensamiento.

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