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El Romance de la Pena Negra


El “Romance de la Pena Negra” de Lorca, desde un punto de vista métrico, está formado por 46 versos octosílabos (de arte menor).
La rima es asonante en versos pares (éstas son características típicas de los romanceros).
Forma parte de la colección de poemas “Romancero Gitano”(1928), donde el autor demuestra ser muy solidario con las minorías; quiso darle voz en cuanto, como ellas, se sentía marginado por la sociedad a causa de su homosexualidad.
Los temas de este romance son la pena negra, el dolor, la frustración, el destino trágico del hombre y la imposibilidad de realizarse.
La protagonista es la gitana Soledad Montoya, símbolo de una raza marginada; hay una larga descripciόn de su aspecto físico: tiene la piel de color cobre amarillo, un olor de caballo (los gitanos se desplazaban con caballos), pecho fuerte y redondo y dos largas trenzas que se arrastraban por el suelo. En la primera estrofa, ella baja sola de un monte oscuro de noche; se percibe marginación, soledad, aislamiento de la sociedad. El hecho que está sola de noche en un monte introduce un sentimiento de inquietud y de desasosiego.
En la poesía salpican muchas notas cromáticas y hay referencias sensoriales.
En total, hablan tres personajes:
1. un narrador inicial, que introduce una parte descriptiva (vv. 1-8);
2. un interlocutor (tal vez es el mismo Lorca), que habla con la gitana con cierta familiaridad (la tutea), introduciendo una parte dialogada;
3. Soledad Montoya, que contesta a su interlocutor y se queja por su condición.
En la parte final del romance, está la vuelta de la luz (de la aurora a la madrugada, de la oscuridad a la luz) y también vuelve otra vez una parte descriptiva (siempre de 8 versos, como a principios de la poesía); estos elementos nos permiten hablar de una estructura circular del “Romance de la Pena Negra”. Lorca eligió esa circularidad para decir que todo vuelve y que no podemos hacer nada en frente de nuestro destino común; el de los gitanos y de todas las razas marginadas es un dolor continuo y perpetuo.
Además de los personajes y de la dimensión temporal, también el espacio cambia: se pasa del monte al río y a una llanura (espacio exterior), hasta llegar a la casa de Soledad, de la cocina al alcoba (espacio interior).
Lorca emplea muchos recursos retóricos, en particular utiliza metáforas audaces (ejemplos: “piquetas de los gallos”, “yunques ahumados sus pechos”, “lloras zumo de limón”).
En la última parte dialogada, el interlocutor da un consejo a Soledad: le dice que es inútil que se desespere y que tiene que dejar su corazón en paz (“lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz”), porque siempre será condenada a un destino trágico (vv. 35-38).
Además, hay un contraste entre el mundo de Soledad y el paisaje descrito en los últimos versos: se trata de un paisaje feliz, en el cual no cabe Soledad; ella está afuera de esta posibilidad de ser feliz y de estar tranquila.
Nunca podrá acceder a este mundo alegre, porque es condenada a este sufrimiento para siempre.
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