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Herejes ante la InquisiCión de Cartagena de Indias Appunti scolastici Premium

Dispensa al corso di Lingua Spagnola della Prof.ssa Fermina Alvarez Alonso, all'interno della quale sono affrontati i seguenti argomenti: l'eresia nella città di Cartagena de Indias, le eresie luterane, calviniste e ugonotte, il tribunale dell'Inquisizione,... Vedi di più

Esame di Lingua Spagnola docente Prof. F. Alvarez Alonso

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Herejes ante la InquisiCión

de Cartagena de Indias

FERMINA ÁLvAREz ALONSO

Universidad Complutense de Madrid

La Inquisición nació para combatir la herejía. La mentalidad del siglo

xvít mantenía el concepto clásico de «herejía» como «error en el entendi-

miento, con pertinacia en la voluntad, contrario a la verdad de la católica

fe». Frente a este concepto, la filosofía y pensamiento modernos se carac-

terizaba por una tendencia a exagerar la «libertad de conciencia».

1570,

Cuando la Inquisición se implanta en América hacia en Europa

existen iglesias reformistas que han tomado cuerpo institucional y convi-

ven con la Iglesia Católica bajo cierto espíritu de tolerancia. Por la amena-

za que ocasionaban a la fe católica, pronto estas doctrinas se convertirán

incluso allende los mares— en uno de los objetivos de los tribunales

inquisitoriales. En líneas generales, bajo los conceptos de «herejes» o

«herejías reformistas» he englobado preferentemente a los procesados por

seguir doctrinas protestantes, luteranas, calvinistas y hugonotes —califica-

das de esta manera por la Inquisición americana— que tenían unos princi-

pios semejantes; otras actitudes heréticas, poco definidas doctrinalmente,

fueron también condenadas por la Inquisición.

1. HEREJES EN CARTAGENA DE INDIAS

A lo largo del siglo xvii, la ciudad de Cartagena de Indias sufrió con-

tinuos ataques de corsarios que merodeaban las costas americanas al ace-

cho de barcos españoles. Esta coyuntura histórica incidió directamente en

la actividad inquisitorial del Tribunal de Cartagena implantado en 1610,

ya que un importante número de los reos procesados como «herejes»

Revista de la laquisición, 6. 239-26S, Servicio de Publicaciones. Universidad Complutense, Madrid, 1997

240 Fermina Álvarez Alonso

habían sido capturados por actos de piratería. La mayor parte eran holan-

deses, ingleses y alemanes que arribaron a las costas americanas median-

te el comercio de esclavos negros, o desde las posesiones extranjeras cer-

canas (Jamaica, Antillas...); constituían una excelente vía de penetración

de las ideas reformistas boyantes en Europa. Por esto, en América se creó

pronto un clima de opinión de que extranjero —mercader o pirata—,

hereje y enemigo político eran sinónimos.

Ante posibles amenazas, la Corona prohibió el arribo de barcos

extranjeros a los puertos americanos, salvo en caso del asiento y trans-

porte de esclavos negros. Todo en vano, un número importante de testi-

monios llegó al Tribunal de la Inquisición denunciando prácticas y

dichos heréticos. Todavía en 1672, la Suprema Inquisición solicitó del

rey permiso para proceder contra estas personas «en lo que delinquieren

en materia de fe como heréticos, máxime cuando, estándoles prohibido

comerciar, llegan a Cartagena y pasan a tierra adentro realizando sus

prácticas y costumbres religiosas»’ de lo cual se seguía gran inconve-

niente para la fe, «era quando era tan crecido el número de indios, negros

y mulatos recién convertidos a la fe, tiernos en ella y en lo común gente

ignorante»2. De hecho, la ejecución de estas normas resultó

sencilla e

difícil de controlar al otro lado del Atlántico, y a menudo, fueron causa

de fricción entre las autoridades civiles e inquisitoriales. Al final de su

reinado, Carlos II emitió un Real Decreto insistiendo en este punto, en

vista «que an pasado y pasan a las Indias algunos judíos, herejes y otros

infieles, y que so color de esta fingida salvaguardia se detienen en ellas

entrando la tierra adentro, y observando sin recato sus ritos y ceremonias

contra lo expresamente dispuesto por las leyes que lo prohiben»3. Por

este Decreto, se mandaba a todos los Virreyes y Gobernadores que cum-

pliesen las leyes tocantes a esta materia, permitiendo a los Inquisidores

juzgar a los reos que incurriesen en ella y ver las causas que fueren de su

jurisdicción.

En general, la Inquisicion americana no obtuvo resultados propor-

cionados al esfuerzo de sus pesquisas, al menos en el número de víctimas.

La cantidad de procesados por los tribunales americanos fue irrelevante si

se compara con la de otros tribunales europeos anteriores, y la práctica

procesal para con estos herejes resultó ser más benévola y transigente de

lo que popularmente se ha imaginado. 82

En el Tribunal de Cartagena de Indias fueron procesadas personas

por seguir doctrinas reformistas —protestantes, luteranos, calvinistas,

AHN. Inquisición, Decretos Consultas, Lib. 305, fol. 476.

y

Ibidein., fol. 491.

- 15 Lib.

Deerdo de Carlos II, de febrero dc 1699. AHN. Inquisicidn, 305. fol. 573.

241

Herejes ante la Inquisición de Cartagena de Indias

hugonotes— y otras de carácter herético. La actividad procesal en esta

materia aumentó a partir de 1650: 48 causas, y 35 en la primera mitad.

Los reos fueron preferentemente jóvenes. Sus edades oscilaban desde

los 12 años —el flamenco Manuel Germans, absuelto en 1681 de la here-

jía protestante—, hasta los 81 del genovés Jacome Rico. La edad media

del grupo mayoritario oscilaba entre los 22 y los 50 años (48 reos) y había

con edades inferiores a los 22 años. Frente a los procesados por otro

26

motivo, el nivel cultural de estos «herejes» era superior. La mayor parte

de los presos sabían leer y escribir, e incluso algunos habían estudiado

Artes, Gramática, Retórica y Cirugía. Su formación religiosa también era

adecuada; conocían las principales oraciones, bien en latín o bien en len-

gua vernácula, por la frecuente lectura y amplia difusión que en aquel

tiempo alcanzaron las Biblias protestantes.

Atendiendo al tipo de credo religioso, el grupo más numeroso estaba

constituido por 34 reos protestantes. Seguían los calvinistas y luteranos —

20 casos en total— y en menor escala, los calificados como simple «here-

jía» que no se incluyen en ninguna de las doctrinas anteriores.

Respecto a la nación de origen, clasificados de mayor a menor, los

procesados provenían de Inglaterra (20), Holanda (15), Francia(10) y Ale-

mania (9), en menor grado, de la propia América, Portugal o España. La

mitad de los reos calificados como herejes protestantes fueron ingleses,

seguidos por los holandeses; entre los luteranos predominaban holandeses

y alemanes.

Por último, atendiendo a la profesión, la mayoría ejercían ahzún ofi-

cio relacionado con el mar: 27 marineros, 6 piratas y 3 pescadores, un

calafateador, un grumete, un tonelero y dos carpinteros de mar. Había

otros oficios de músicos, soldados y cirujanos, sastre, especieros, albañi-

les, zapateros, buhoneros...

Gran parte de estos reos procedían de familias protestantes o luteranas

que habían llegado a América enrolados con tripulaciones de «herejes» que

les enseñaron sus prácticas. Fue el medio más común. Por ejemplo, Rodri-

go Escolt, luterano que viajó con un grupo de calvinistas, recorrió lugares

de la costa mediterránea hasta llegar a Cádiz donde embarcó para Cartage-

na. Juan Seyber viajó por Holanda, Londres y La Coruña; era luterano como

su familia; Pedro Leonardo salió de Holanda a los 17 años con rumbo a Gui-

nea, después pasó a Amsterdam, Curagao, Gibraltar y Cádiz hasta parar en

las Indias. Igual le sucedió a Pablo Musco, que desde los 10 años anduvo

viajando por Europa hasta parar como astillero en la Armada de Barloven-

to. Adán Edón había trabajado en Londres como especiero y después se

tabacos4.

embarcó hacia las Indias sin licencia para recoger una partida de

AL-IN. ¡020,

hiquisición. bIs. 204-208.

LIb. Fermina Alvarez Alonso

242

Andrés Bernardo y el español Esteban Viñas lo hicieron como cirujanos,

dispensados5.

aludiendo a que «su oficio, el de piloto y trompeta» estaban

Como vemos, no faltaron oportunidades para entrar clandestinamente en

América.

2. DENUNCIAS ANTE LA INQUISICIÓN

No voy a entrar en disquisiciones teológicas sobre las cuestiones doc-

trmnales que los reos plantearon a la Inquisición de Cartagena; me limita-

ré a señalar las creencias que fueron consideradas heréticas por la menta-

lidad contrarreformista de la época. Los testimonios pueden agruparse en

torno a cuatro puntos inspirados en la Reforma protestante:

1.~ Irreverencia a los Sacramentos, principalmente la Eucaristía y

la Confesión.

Descrédito hacia las imágenes y la mediación y comunión de

2.0

los santos.

Testimonios contra la Virginidad de María.

30 Testimonios contra la autoridad jerárquica de la Iglesia Roma-

40

na representada en la figura del Sumo Pontífice. Como consecuencia de

ello, se negaba también su potestad para conceder indulgencias, significa-

do de las Bulas, ayunos, abstinencias y demás prácticas que tradicional-

mente venían enriqueciendo la vida de fe de la íglesia.

Aunque las calificaciones que el Tribunal inquisitorial dio a estos tes-

timonios confluyen sustancialmente en los puntos anteriores, podemos

distinguir cuatro grupos:

a) Herejes protestantes. Fueron los más numerosos. Entre los

testimonios presentados, Domingo Hernández Romero fue acusado de ser

partidario de la confesión directa con Dios y no sacramentalmente; negaba

que el Papa concediese facultad alguna a los sacerdotes para absolver los

pecados, y además se mostró irreverente contra la Bula de la Santa

Cruzada e indulgencias6. Nicolás Burundel, vecino de Jamaica, casado

con una francesa, fue testificado de que «reñia a su mujer porque invocaba

a la Madre de Dios»; no creía en «santos de palo ni se había de confesar

con hombres». Sospechaban que era hereje luterano pertinaz, por las

palabras y razones que le habían oído decir contra la Eucaristía,

Sacramentos, imágenes de Santos, Indulgencias.. etc., discurriendo «con

Lib. 1023, 266.

AHN, fol.

Inquisición, Lib. 264-266.

AUN, 1021, fols.

Inquisición,

Herejes ante la Inquisición de Cartagena de Indias 243

delgadeza y argumentos de los herejes» con «pertinacia y depravación de

ánimo».

Los dichos y hechos de Francisco Maldonado fueron calificados de

«heréticos con irrisión de las imágenes». La acusación de 21 capítulos

puede resumirse así:

haber participado con los ingleses en saqueos y demás actos de

1.0

piratería por islas y costas de Barlovento;

2.’ asistir a ceremonias protestantes abandonando las de la Iglesia

Católica; frecuentar lecturas de la Biblia en versión inglesa, Salmos y

30

Apocalipsis;

descrédito hacia la veneración de las imágenes de los santos;

4~0 negar la existencia del Purgatorio, y creer que con el Bautismo

50

y fe en Dios no hacían falta obras;

negar la potestad del Papa para conceder Bulas de indulgencia,

6.0

y el sacramento de la Confesión para el perdón de los pecados; decía «que

las Rulas de la Santa Cruzada no valían ni aprovechaban para nada y que

plata»7;

solo las davan para sacar

que los católicos no tenían una Biblia en lengua romance que

70

pudieran entender como la tenían los ingleses.

b) Hubo doce reos acusados como herejes calvinistas o luteranos

con testimonios semejantes. Andrés Bernardo estaba convencido de que

sólo con la secta de Calvino podía salvarse y que las ceremonias de la

Iglesia Católica eran embustes; no creía en la Eucaristía ni en la venera-

ción de las imágenes; negaba la existencia del Purgatorio y aceptaba el

matrimonio de clérigos por considerar al estado matrimonial como más

perfecto. Igualmente, se rebelaba contra la potestad y autoridad del Papa

y no guardaba abstinencias ni ayunos8. Parecidos argumentos se presenta-

ron contra Jorge Cornelio, descendiente de luteranos. Pedro Leonardo y

Juan Federico Preys, creían que «cada uno podía salvarse en su secta»;

«habían leído libros calvinistas y se burlaban de los ritos y ceremonias

sagradas de la Santa Iglesia, riéndose de los santos y tomándoles como

embustes9.

Juan Janes, Juan Jacobo y Enrique Enríquez, confesaron espontánea-

mente al Tribunal sus creencias heréticas:

AHN, Lib. 1023, fols. 168-179 r.

Inquisición,

Ibide,n., fol. 266.

Ibide,n., fo]. 278 r.

-) Fermina Alvarez Alonso

244 que «se podían salvar en las sectas de Lutero y Calvino y habían

oído sus predicaciones»;

que no había purgatorio ni imágenes;

— no creían en la intercesión de la Virgen y de los Santos;

— admitían únicamente los Sacramentos del Bautismo, Eucaristía

y Matrimonio, sin más fiestas que los domingos, con la particularidad de

que los clérigos, frailes y monjas se podían casar. Respecto al Sacramen-

to de la Confesión, creían que no hacía falta «expresar pecado alguno, por-

que ni los sacerdotes ni el Papa podían absolver de pecados»;

sólo creían en las buenas obras y que no había Pontífice, tam-

poco creían en la concesión de indulgencias y bulas o en la autoridad de

Concilios10.

los e) Hubo cuatro casos de herejes hugonotes, todos ellos franceses

pertenecientes al grupo de marineros que habían venido del Río Marañón

en el Brasil. Confesaron su asistencia a las preces y prácticas de hugono-

tes junto con otros companeros.

Algunos reos fueron procesados por apostatar de la fe católica. Eran

bautizados católicos que habían abandonado sus prácticas y/o manifestaban

el deseo de volver a la fe. Otros casos fueron calificados de «herejía formal»

o con fundadas sospechas de ella. Por ejemplo, Fr. Juan Plácido Salgado y

Novoa, clérigo premostratense, fue recluido en las cárceles secretas en 1689

por los testimonios que presentaron contra él: «decir que con la caridad y

limosna bastaba para salvar el alma aunque estuviese amancebado y tuvie-

se muchos pecados», y que «la limosna era la mayor virtud y fundamento

de la caridad»”. Por estoy el hablar temerariamente del Santo Oficio y sus

ministros, fue calificado de «herejía formal» con «obstinación e injuria

escandalosa y blasfemia heretical»’2. El catalán Esteban Viñas negó la vir-

ginidad de María y afirmó que era Madre de Cristo pero no de Dios; ello le

valió la calificación de «hereje formal y pertinaz»

Por último, refiero los dos únicos casos de moriscos que fueron pro-

cesados como herejes. Uno era Alonso de Molina, esclavo del rey en las

galeras de la costa; confesó voluntariamente al Tribunal que había rene-

gado de la fe católica para pasarse a la de Mahoma por influencia de su

madre tras la expulsión. Manifestó su deseo de volver. El otro, esclavo

‘4

también, era el negro Juan Manuel, vecino de La Habana -

Cf. AL-IN, Lib. 1023. fols. 222r y 375.

Inquisición,

fol. 430 r.

Ihidem., fol. 431.

Ibidem., foN. 218 y 292.

Ibídem.,

de formalmente en la Salade la en 1628.

Alonso Molina fue reconciliado Audiencia

>

Se le hábito penitencial y oír misa en Capilla del Santo Oficio, de

impuso una la además seis

Herejes ante la Inquisición de Cartagena de Indias 245

Según el procedimiento inquisitorial, estos testimonios debían some-

terse al examen de una Junta de Calificadores. Pero los inquisidores de

Cartagena omitieron este proceder cuando se trataba de reos faltos de cor-

dura que sufrían alucinaciones y visiones, o de espontáneos que recono-

cieron su ignorancia en la doctrina católica. En estos casos, la Inquisición

hizo caso omiso de las frecuentes advertencias de la Suprema y no los

sometió al examen de la Junta de Calificadores, dando más crédito a la

confesión del reo que a los testimonios de las denuncias; resolvieron los

casos instruyendo a los reos durante un tiempo en la fe católica y absol-

viéndolos después.

Ejemplo curioso resultó el de Jacome Rico, genovés de más de 80 años

que negaba la virginidad de María. En las audiencias se le hicieron varias

preguntas para tratar de conocer la calidad de sus proposiciones; a todas

contestó con variaciones y «cortedad de talento»; como se reía de todo lo

que le decía el inquisidor y se confundía con las preguntas que le hacían,

optaron por no interrogarle más. Informaron al Consejo de la Suprema que

la causa de este reo era de «herejía formal que no necesitó de calificarse»,

calificar»’5.

pero el Consejo les advirtió que «siempre se había de

3. LOS PROCESOS

La mayoría de los reos acudieron voluntariamente al Tribunal para

abjurar de sus errores con intención de ser instruidos en la fe católica. Es

difícil averiguar su sinceridad. Consta que en algunos casos, los reos pre-

firieron ser procesados como «herejes» por la Inquisición y no compare-

cer como piratas ante la justicia civil que les podía condenar a la horca. La

frecuencia de las denuncias voluntarias refleja la ignorancia de los reos y

el respeto que se debía a la Inquisición, respeto que, era más bien, tener

reverencial.

Entre los corsarios que merodeaban las costas americanas, un grupo

de franceses hugonotes, arribados accidentalmente a Cartagena, decidieron

presentarse espontáneamente al Santo Oficio para declarar sus prácticas

religiosas antes de que pudieran ser delatados. Otros fueron apresados pre-

viamente por la justicia civil. Juan Manan, hereje calvinista convertido al

catolicismo, que anduvo 8 años como marinero y corsario, confesó duran-

te una audiencia el haber escrito una carta para que le denunciasen al

Santo Oficio y así encontrarse libre de la prisión de galeones que sufría16.

instrucción en eí

meses de Colegio de la Compañía de Jesús en Cartagena de Indias. Juan

Manuel abjuró de vehementi en 1691. Cfi AHN, Lib. 1020, fol. 301.

Inquisición,

AHN, Lib. 219 r.

1022. fol.

Inquisición,

‘> Inquisición, Lib. fol.

~ AlAN, 1023, 448.

Fermina Álvarez Alonso

246

Francisco Maldonado, preso en la cárcel pública por pirata, fue remitido al

Tribunal por el Gobernador al saber que se había casado en Jamaica «por

el Papista de los ingleses» —un párroco escocés de rito protestante—, y

porque entendía se trataba de materia relativa al Santo Oficio, advirtiendo

a los inquisidores que tras acabar su causa le fuera devuelto para cumplir

civil17.

la pena

Menos fueron los denunciados por testigos, aunque casi todos acaba-

ron confesando y abjurando de sus errores durante el proceso. Finalmen-

te, hubo pocos casos de reos que se mantuvieron negativos y pertinaces, o

con indicios de locura. Veamos las características más peculiares de estos

procesos.

Tras ser recluidos en las cárceles secretas, normalmente se les conce-

dían tres audiencias. En la primera respondían sobre su genealogía: ascen-

dientes familiares, nivel de instrucción en la doctrina católica, andanzas

durante su vida, oficio, actividad, etc. La segunda estaba encaminada a

que el reo confesara voluntariamente sus prácticas heréticas, y en la ter-

cera —llamada de abjuración de errores— los miembros del Tribunal

refutaban con citas bíblicas y argumentos teológicos las creencias erróne-

as del reo, tras lo cual éste manifestaba formalmente su abjuración y su

deseo de ser instruido en la fe católica.

Así lo hicieron Cornelio Adrián, Rodrigo Escolt, Andrés Bernardo,

Pedro Leonardo, Juan Cressen, Juan Seyber y otros. Declararon la contra-

dición que sufrían por haber seguido el luteranismo y manifestaron su

buena disposición para ser enseñados en la doctrina católica, agradecien-

do al Tribunal que les refutase sus errores con citas de la Sagrada Escritu-

ra. Durante el tiempo de su reclusión recibieron catequesis en el Colegio

de la Compañía~í.

El portugués Domingo de Sosa fue apresado en 1650 sin que tuviera

conocimiento del motivo de su prisión; aunque estaba confirmado, su for-

mación doctrinal era prácticamente nula. En una audiencia voluntaria refi-

rió que desde que se había casado, hacia 6 años, no confesaba ni comul-

gaba porque el diablo le cegaba; que no había confesado antes por miedo

al castigo del Santo Oficio y que entonces lo hacía en descargo de su con-

ciencia «muy pesaroso y arrepentido, pidiendo misericordia». Tras comu-

nicarse con su abogado, se retractó, manifestó que se había levantado

falso testimonio a si mismo por temor al tormento que el Santo Oficio

daba a los «no confitentes», y se remitió a sus primeras confesiones: «que

no había tomado nunca Buta de Santa Cruzada por ser hombre de la mar

y andar continuamente trabajando, y cuando saltaba a tierra se le olvidaba

Ihidern., fo]. 168.

“ AHN, Lib. 1023., fol. 273, 460

Inquisición,

‘> ti

Herejes ante la inquisición de Cartagena de indias 247

hacerlo». A los tres meses de prisión pidió la libertad alegando que «está

pereciendo y también lo están su mujer e hijos, porque no puede dar sus

defensas estando preso y porque le ha salido por todo el cuerpo un mal

curarse»’9.

subático, y tiene necesidad de

En el proceso inquisitorial, las distintas fases y circunstancias iban enca-

minadas a obtener la confesión de] reo —considerada prueba suprema— y

comprobar su intención al delinquir. En nuestro caso se debía probar que el

acusado, bautizado en la Iglesia Católica, había abandonado su fe para seguir

doctrinas heréticas. Las correcciones que la Suprema hizo al tribunal advir-

tiéndoles, en este sentido manifiestan por un lado, el reconocimiento que se

daba a la actitud confitente del reo, y por otro lado, la cautela de la Inquisi-

ción al sentenciar el delito.

Entre los presuntos herejes procesados por la Inquisición no faltaron

quienes se mostraron negativos y fueron sometidos al tormento como

medio probatorio. Me refiero a Adán Edón, relajado en el auto de 1622,

Pr. Juan Plácido Salgado y Esteban Viñas, reconciliados, y Nicolás Burun-

del, Juan Mercader y Juan Manuel, que abjuraron.

E) primero fue testificado en 1619 por 14 personas de Cumaná, en el

Obispado de Puerto Rico, de que era «hereje protestante». Durante dos

años de prisión en las cárceles de la Inquisición, recibió las admoniciones

correspondientes con la asistencia de un consultor dominico y otros

padres de la Compañía que le refutaron y trataron, inútilmente, de con-

vencer a la fe católica.

El clérigo premostratense Fr. Juan Plácido Salgado, que había sido

penitenciado anteriormente, anduvo atribulado y afligido por desconocer

la causa de su prisión; se le presentaron los testimonios de la acusación

ante los cuales no respondió nada. Fue votado a cuestión de tormento y

hasta la cuarta vuelta de potro no admitió la verdad de lo que le acusaban,

afirmando que no lo había hecho antes por «ser mal hombre» y por temor

al castigo que merecíapor sus delitos; a la quinta se ratificó de haber dicho

los errores pero sin creencia en ellos, pidió misericordia y dio muestras de

perseverar y de sincero -arrepentimiento20.

Otro de los atormentados fue Esteban Viñas que ingresó en la cárcel

secreta en 1681. Confesó que le habían interpretado erróneamente su pro-

posición al decirque, por ser la Virgen Madre de Dios, era también virgen,

y en esto se ratificaba con pesar y dolor de lo contrario. Fue votado a cuestión

de tormento sobre la intención y ánimo al arbitrio del Tribunal. Le dieron tres

vueltas durante un cuarto de hora y se ratificó en negar la virginidad y mater-

nidad de María. Esta negativa hizo que el Consejo de la Suprema pidiera al

Inquisición,

AHN, Lib. 1021, fol. 267.

Jnqnisición.

AHN, Lib. 1023, foN. 430.

Ferruina Ivarez Alonso

248 Á

Tribunal copia del proceso; después de la consulta, ordenaron que se le quita-

sentencia2t.

ra el hábito y la cárcel perpetua impuestos en la

En ocasiones, la amenaza del tormento, sin llegar a aplicarlo, fue

empleada como medio de persuasión. El negro Juan Manuel que había

abandonado la religión cristiana para hacerse moro, fue llevado a la cárcel

común sin comunicación; votado a tormento, una vez puesto en el potro, al

ratificarse en que había dicho la verdad, se suspendió la ejecución.

Juan Mercader, apresado en marzo de fue testificado de lutera-

1613,

no por tres varones y dos mujeres. En su defensa aludió que había sido

formado desde niño en navíos que viajaban de Francia a las Indias en con-

tacto con luteranos y católicos y no sabía lo relativo a la Bula de Cruza-

da, Se le concedió un Curador por ser menor de 25 años y se ratificó en

sus confesiones. Le pusieron segunda acusación presentando como testi-

gos al compañero de cárcel y al alcaide de la Inquisición, pero volvió a

negar «que fuera hereje y luterano con creencia de tal, y con mala inten-

ción». Le votaron a que fuera «desnudado y amarrado a la cincha y atados

los brazos sin que se le den vueltas de cordel y sea amonestado a decir ver-

dad, sino, sea echado en el potro sin darle garrotes en los brazos, muslos

y piernas, y no bastando esto, cese esta diligencia»22.

Del mismo modo, Francisco Maldonado, testificado de hereje pro-

testante, confesó que estaba acongojado por no haber dicho la verdad en

la primera audiencia. Se ratificó en sus confesiones y al presentarle la acu-

sación, reconoció «que avía seguido los ritos y ceremonias de los Protes-

tantes y oído sus predicas y que no lo avía confesado por el temor de ser

atormentado»23. Mostraba su dolor de haber ofendido a Dios y dejar la fe

católica y se encontraba arrepentido con propósito de enmienda. Final-

mente concluyó aceptando los testimonios ya confesados y pidiendo su

admisión a la Iglesia Católica.

Por último, relatemos el caso de Nicolás Buntndel24 que estuvo cinco

años en las cárceles de la Inquisición por hereje protestante. Durante su

largo proceso sufrió bastante las condiciones precarias de la prisión que le

hicieron perder el juicio. Tenía en su contra una causa criminal pendiente

por complicidad en la muerte del antiguo Gobernador de Jamaica. La ten-

sión de la cárcel y la situación en que estaba le hacían oír voces del gober-

nador acusándole de haber matado a Pedro Caballero. Fue trasladado a otra

celda para su remedio donde estuvo algunos días más tranquilo.

Ibídem., fols. 218 r y 292.

“ AUN, Lib. 1020, fols 6 aL 31v.

Inquisición,

-2 Inquisición,

AL-fN, Lib. 023, fbI. 171.

Se la describe como «bajo de cuerpo, cabello rubio ensortijado con herida en el

-~ de abajo». Lii,. 1021,

labio AUN, fol .324

Inquisición, ti

Herejes ante la Inquisición de Cartagena de Indias 249

En otra audiencia, ante las preguntas de los Inquisidores «decía mu-

chos disparates y también verdades» y se reía sin poder contenerse. «Por

una parte parecía ser todo ficción, porque hallaba y respondía con sequen-

cia, y por otra parte parecía estar dementado, o poseído de algún espíritu

malo»; tres religiosos consultores dijeron ser todo ficción. Tenía la cárcel

muy sucia y hedionda, y pasaba el tiempo echado en el suelo, dormitan-

do; cuando le llamaban salía como atontado, diciendo que no necesitaba

nada. Fue trasladado a una de las cárceles comunes donde se le permitió

recibir visitas de su mujer e hijos, las veces que fuera necesario, bajo la

vigilancia del alcaide y ayudante. Los religiosos que trataron con él y fue-

ron a verle a la cárcel dedujeron que muchas de las cosas que había refe-

rido, como el desear la muerte para él, su mujer e hijos, era por desespe-

ración y «tenía por cierto que el reo estaba en toda su capacidad» porque

de todo había hecho juicio, «y que fingía aquella acción de respirar que-

demencia»25.

riendo dar a entender que padecía

Ante las acusaciones, unas veces respondía con evasivas, y otras

callaba o negaba, mostrándose siempre pertinaz en su propósito. Se le

votó a «questión de tormento por ver si confesaba», pero respondió que

«no aprovechaba nada lo que se le decía y que así no había que decírselo,

y que no tenía otra cosa que decir»26. Se le puso en otra cárcel junto con

dos presos, quienes dieron testimonio de las acciones desesperadas que

hacía el reo. Le llevaron al potro para recibir «garrotes», y antes de

comenzar se le amonestó de nuevo varias veces, instándole a que confe-

sara y respondiera a la acusación; pidió le fuese leída y que «si lo que en

ella se contenía él lo hubiera hecho, el respondería y lo confesada»; negó

el contenido afirmando ser cristiano y negándose a recibir la confesión

sacramental. Por lo particular del caso, se envió consulta al Consejo, quien

en 1654 mandó que fuera puesto a «questión de tormento ad arhitrium y

con lo que resulte se vuelva a ver y votar, y que se ejecute, lo que se acor-

dare, como no sea a relaxar»27. Este segundo tormento no llegó a ejecu-

tarse por falta de verdugo.

El largo tiempo en prisión, la situación agravante de las cárceles secre-

tas y la desesperanza que sufrían, fue el mayor suplicio por el que los reos

se vieron obligados a confesar. Por ejemplo, Bernabé Blanquesel se negó a

comer por su indómito natural y como medio para verse libre de la pri-

sión28. A Carlos Nans, después de un año de reclusión en que estuvo nega-

tivo, recapacitó y pidió audiencia para confesar que «se veía tan triste con

Lib.

Al-fN, 1021, foL. 353.

Inquisición,

> ,‘hidem., fol. 357.

> Ibiden,., fol. 424.

AUN, Lib. 1023, fol. 394 r.

Inquisición,

~‘


PAGINE

25

PESO

5.30 MB

AUTORE

Atreyu

PUBBLICATO

+1 anno fa


DESCRIZIONE DISPENSA

Dispensa al corso di Lingua Spagnola della Prof.ssa Fermina Alvarez Alonso, all'interno della quale sono affrontati i seguenti argomenti: l'eresia nella città di Cartagena de Indias, le eresie luterane, calviniste e ugonotte, il tribunale dell'Inquisizione, i processi, le sentenze di condanna, le assoluzioni, i procedimenti sospesi e pendenti.


DETTAGLI
Corso di laurea: Corso di laurea in scienze politiche e relazioni internazionali (POMEZIA, ROMA)
SSD:
A.A.: 2011-2012

I contenuti di questa pagina costituiscono rielaborazioni personali del Publisher Atreyu di informazioni apprese con la frequenza delle lezioni di Lingua Spagnola e studio autonomo di eventuali libri di riferimento in preparazione dell'esame finale o della tesi. Non devono intendersi come materiale ufficiale dell'università La Sapienza - Uniroma1 o del prof Alvarez Alonso Fermina.

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