La muerte de Jesús
La cruz y, por consiguiente, la muerte de Jesús, representa el símbolo central de la fe cristiana. En realidad, la cruz se convierte en un símbolo de gloria a la mitad del II siglo, porque morir de tal muerte era muy infamante. El CIC dice, sobre la muerte de Jesús, que “Jesús, el Hijo de Dios, sufrió libremente la muerte por nosotros en una sumisión total y libre a la voluntad de Dios, su Padre. Por su muerte venció a la muerte, abriendo así a todos los hombres la posibilidad de la salvación” (n. 1019), “la muerte de Cristo fue una verdadera muerte en cuanto que puso fin a su existencia humana terrena” (n. 627). “Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina, descendió a la morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos que le habían precedido” (n. 627).
Sucesivamente el número 632, expone: “Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús "resucitó de entre los muertos" (Hch 3, 15; Rm 8, 11; 1 Co 15, 20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos (Hb 13, 20). Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos”.
Ciertamente, “Jesús no bajó a los infiernos para liberar a los condenados, ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido” (CIC 633), “Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (Mt 12, 40; Rm 10, 7; Ef 4, 9) para "que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan" (Jn 5, 25)”.
Análisis histórico
Según Romano Penna, podemos afirmar históricamente la vida de Jesús, tenemos elementos suficientes para demostrar su muerte, pero si un historiador pretende demostrar su resurrección, debe renunciar en ese mismo momento a hablar en términos históricos. Históricamente sabemos que, en aquel tiempo, Judea formaba parte del dominio del Imperio Romano, cuyo procurador, entre el año 26 – 36 d. C., era Poncio Pilato. Él es el único personaje histórico (con María) presente en el Credo. Poner a él en el Credo, según Pesce, es decir que los primeros cristianos han querido decir que, parte de la culpa de la muerte de Jesús, era también de los romanos.
Pilato tenía el poder de condenar a la pena capital a un hombre, en cuanto este poder estaba reservado sólo al juez supremo de la provincia romana. El Imperio no imponía esta pena a los ciudadanos romanos, pues se aplicaba generalmente a los esclavos y rebeldes, pero sin embargo estaba muy difundida en aquel tiempo. José Flavio nos dice que, en el año 4 a.C., Quintilio Varo en Siria crucificó más de dos mil rebeldes.
Era una pena ignominiosa sobre todo para los hebreos, porque según la Torá los condenados de esta forma eran considerados malditos ante Dios, pues padecían muchos sufrimientos y podían luchar por sobrevivir algunos días, hasta que morían sofocado y entonces, por un paro cardíaco. El condenado se sentía sofocar, entonces se elevaba de la cruz, haciendo fuerza en las heridas de los clavos, en las manos y en los pies, añadiendo sufrimiento a sufrimiento. Como gesto de piedad, para abreviar la agonía, les rompían las piernas, para impedirles poderse elevar (como han hecho con los dos ladrones).
Después de la muerte, el cuerpo habitualmente se dejaba colgado a la cruz, para humillar públicamente al condenado, y hacerle perder toda la credibilidad que hubiera podido tener. Probablemente, tras la muerte de Jesús, el cuerpo se bajó de la cruz gracias a José de Arimatea y a Nicodemo, personas influyentes que hablaron con Pilato.
Testimonios sobre Pilato
Nos hablan del procurador Pilato Lc, Hch, 1Tm, los evangelios apócrifos, Tacito (que, hablando de los cristianos indirectamente, nos dice que Cristo fue matado por Poncio Pilato en tiempo de Tiberio; esto ya lo encontramos en Lc), la inscripción en Cesarea Marítima, Filone de Alejandría y José Flavio. Filone de Alejandría nos dice que este personaje era violento, corrupto y cruel, con poca atención a la sensibilidad religiosa de los hebreos, gobernó con muchos abusos, ejecutando mucha gente (un pequeño indicio se encuentra en Lc 13,1), además de ejecuciones sin juicio previo (como la de Jesús). José Flavio (historiador hebreo) hace también una descripción negativa sobre Pilato (los romanos, en cambio, no le condenaron por ello, pues tenía suficientes motivos para hacer tal afirmación, incluso construyeron una estatua en su honor). A pesar de como nos presentan a Pilato, este gobernó durante diez años, por lo que no debió ser mal prefecto.
Detención y proceso de Jesús
Jesús fue detenido por la policía judaica del Templo, conducida al lugar donde estaba Jesús gracias a Judas, el Iscariote. Un proceso judicial no podía celebrarse de noche, como nos dice Mc 14; 54,65, por lo que, seguramente, no fue un verdadero proceso, según el derecho romano, sino que fue un interrogatorio. Los jefes de los sacerdotes presentan a Jesús como un agitador político, porque las causas religiosas no podían ser juzgadas en un tribunal público, así que utilizaron las palabras como “rey, reino”. Fischer dice que Jesús no buscaba ser condenado a muerte, pero se la esperaba: “De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios.” (Mc 14:25). Michelini dice que es tan embarazoso que Jesús en la cruz diga “Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani?” (Mc 15:34) que, si no hubiera estado de verdad, nadie lo hubiera escrito. Entonces, Jesús no quería morir. También Perego, dice que este versículo de Mc, contiene el malentendido sentimiento de abandono de Jesús.
El mismo Michelini comentando Mt 21:37 (“les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.”), dice que esto era “el sueño del Padre”, el de salvar al Hijo, expresado más adelante en el sueño de la mujer de Pilato, en Mt 27,19. En el primer evangelio, hay sólo 5 sueños, y siempre se expresan para salvar alguien, pero en este caso, también para resaltar la inocencia de Jesús. Jesús, libre y conscientemente quiere subir a Jerusalén en tres ocasiones, donde sabe que, probablemente, encontrará la muerte porque quieren matarlo (Cf. Mt 16,21-23). Muerte que acepta en el Getsemaní: “Padre mío, [...] hágase tu voluntad” (Mt 26:42). Sin embargo, el mismo exegeta afirma que, releyendo Mt, es impensable que, en la lógica del evangelio, el "Hijo del Hombre" no muera, sobre todo releyendo los tres anuncios de la pasión (el autor cree que los anuncios no se refieren al Jesús histórico, justificándolo siempre con el versículo de Mc 15:34).
La aceptación de la muerte por Jesús
La muerte aceptada de Jesús se trata también en el Catecismo: “En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: "Nadie me quita [la vida]; yo la doy voluntariamente" (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando Él mismo se encamina hacia la muerte (Jn 18, 4-6; Mt 26, 53)” (n. 609), y en la última cena “El cáliz [...] lo acepta a continuación de manos del Padre en su agonía de Getsemaní (Mt 26, 42) haciéndose "obediente hasta la muerte" (Flp 2, 8; Hb 5, 7-8)” (n. 612).
Es también verdad, como nos recuerda Fischer, que Jesús delante de Pilato no hace mucho para defenderse de las acusaciones: dice: “Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?” (Jn 19:10).
Pilato y los evangelios
Como he dicho, en aquel tiempo, los judíos no podían condenar a nadie a muerte, sólo el prefecto tenía poder para ello. Pero, sin embargo, los evangelios nos muestran un Pilato distinto; no como una persona sin piedad y sin escrúpulos que no duda en matar a cualquiera (como nos lo presenta José Flavio en su tesis). La única explicación razonable, es que los evangelios tienden a disminuir la responsabilidad de los romanos, para aumentar la del Sanedrín: Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo del César: cualquiera que se hace rey, al César contradice (Jn 19:12).
Mannucci nos dice que Juan juega con la "ironía" típica de su evangelio, porque los judíos quieren hacer justicia para defender la ley de Yhavé, pero ellos mismos violan la Ley, porque aceptan y declaran que tienen al César como rey, algo prohibido por la Torá: Pero ellos dieron voces: Quita, quita, cuélguenle de un madero. Les dice Pilato: ¿A vuestro Rey he de colgar de un madero? Respondieron los sumos sacerdotes: No tenemos rey sino al César (Jn 19:15).
Mateo nos dice que Pilato se lavó las manos: Y viendo Pilato que nada adelantaba, antes bien se...
-
Musica come strumento educativo
-
Procarioti - come sono fatti e come si riproducono
-
Tavole rotonde della pediatria: Quando, come perché. Quali errori?
-
Psicologia come scienza